ORACIONES INICIALES

martes, 5 de mayo de 2020

Manual para Sacerdotes Instruyendo a los laicos sobre el Don de Vivir en la Divina Voluntad


Rev. J.L. Iannuzzi, STD, Ph.D.

Las siguientes instrucciones son un resumen de la tesis doctoral aprobada de la
Universidad Pontificia de Roma autorizada por la Santa Sede, que lleva los sellos de aprobación
eclesiástica. La disertación por el Rev. Joseph L. Iannuzzi, STD se titula "Vivir en la Divina
Voluntad en los Escritos de Luisa Piccarreta – una investigación sobre los primeros concilios
ecuménicos y la teología patrística, escolástica y contemporánea" y está disponible para compra
en línea.

1 – Revelación Pública y Privada
El Catecismo Católico declara lo siguiente: “ni hay que esperar otra revelación
pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Sin embargo,
aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a
la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los
siglos” (CCC, 66).
En este artículo uno descubre la revelación progresiva (explicación) de revelación
pública. Si, por un lado, este artículo se refiere a que Jesús nos reveló todo lo que
necesitamos para la salvación y ninguna nueva revelación "pública" (el Depósito de la Fe)
es de esperarse, por otro lado, ¡afirma que no todo en la revelación pública de Cristo se
nos fue revelado "explícitamente"! Con respecto a las doctrinas no explicadas de Jesús,
recuerdo las palabras de Jesús a sus discípulos antes de partir de este mundo: “Todavía
tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando
venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad” (Jn. 16:12).
Documentos de la Iglesia de los últimos 2,000 años dan testimonio más a fondo de
la divulgación continua en curso de revelación pública, ya que nunca afirman que la
revelación ha "terminado" con Cristo, sino más bien que la revelación pública de Cristo
está "completa". Desafortunadamente el empleo del siglo XIX de la palabra "fin" en
realidad es una representación muy desafortunada del latín compleo, que la Iglesia emplea
para describir la revelación pública de Cristo. De hecho, compleo no significa "fin" en lo
absoluto, sino en cambio significa el fundamento de la revelación que en Cristo está
constituida de una vez por todas. De hecho, la revelación ocurre a través de la voz de
enseñanza oficial de la Iglesia (Magisterio), así como a través del oficio de profeta (a
través de quien la Iglesia hoy en día recibe revelaciones privadas) quien San Pablo
enumera inmediatamente después del oficio de apóstol: “En la Iglesia, hay algunos que
han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como
profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de
hacer milagros…” (1 Cor. 12:28).
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Esta es una de las muchas razones del por qué las revelaciones "privadas" de la
Iglesia – aunque no esenciales para nuestra salvación, sin embargo valiosas para nuestra
santificación – son de importancia hoy en día, ya que constituyen el continuo y constante
despliegue de revelación "pública" de Cristo. Su importancia es atestiguada en las
consecuencias espirituales que habrían sobrevenido si la Iglesia las hubiera ignorado: Si la
Iglesia hubiera ignorado las revelaciones privadas de Sta. Margarita María no tendríamos
ni la promesa de hoy de la gracia de la perseverancia final a través de la observancia de
los 9 primeros viernes de cada mes, ni la Fiesta del Sagrado Corazón; si hubiera ignorado
las revelaciones privadas de Sta. Faustina no tendríamos la Fiesta de la Divina
Misericordia que concede la remisión total de todo pecado y castigo; si hubiera ignorado
las revelaciones privadas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta no tendríamos el mayor
don de Dios a la Iglesia, es decir, Vivir en la Divina Voluntad que lega al alma en la tierra
la misma unión interior con la Voluntad de Dios como la que disfrutan los santos en el
cielo.
En suma, mientras que la revelación "pública" se refiere a ese período de la Iglesia
cuando Cristo proclamó la Buena Nueva de salvación de la cual los apóstoles dieron
testimonio escrito, y que está constituido para siempre y normativamente atestiguado en
la Escritura, las revelaciones "privadas" explican la revelación pública con un nuevo
mensaje de Cristo a las iglesias de hoy que está arraigada en la Tradición. Los
renombrados teólogos Cardenal Josef Ratzinger, Urs von Balthasar, René Laurentin y
Karl Rahner están de acuerdo en que la revelación "nunca termina", y que con Cristo y los
apóstoles tal revelación está "materialmente" cumplida en Él y normativamente
transmitida por los apóstoles en la forma de la Escritura. Sin embargo, puesto que con el
transcurso de los siglos hay nuevos tiempos y circunstancias, y Dios continúa revelándose
a Sí Mismo a su Iglesia en todas las edades, la revelación que materialmente se cumplió
con Cristo siempre requiere una nueva "forma", y esta forma es a menudo el testimonio
escrito de muchos de los profetas de hoy, tales como Luisa.
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2 – ¿Quién es Luisa Piccarreta?
2.1 – Vida
Abril 23, 1865: Nacimiento y Bautizo de Luisa en domingo «in albis» (exactamente
130 años después el Papa Juan Pablo II proclamó este día «Domingo de la
Divina Misericordia »).
Abril 23, 1874: A la edad de 9 en domingo «in albis» Luisa recibe su Primera Comunión
y Confirmación. Comienza a oír la voz de Jesús.
1878: A la edad de 13, Luisa recibe su primera visión de Jesús cargando la Cruz quien
le implora, «¡Alma, ayúdame!»
1881: A la edad de 16, Luisa acepta el estado de víctima y es intermitentemente
confinada a la cama.
1882: A la edad de 17, Luisa compone la Novena de Navidad que recitaría cada año por el
resto de su vida.
Noviembre, 1887: A la edad de 22 Luisa es definitivamente confinada a la cama.
Octubre 16, 1888: A la edad de 23 Luisa experimenta sus primeras nupcias de
matrimonio espiritual en la Tierra.
Septiembre 7, 1889: A la edad de 24 Luisa experimenta sus segundas nupcias de
matrimonio espiritual en el cielo, es decir, el don de Vivir en la Divina Voluntad en las
cuales Jesús toma posesión del corazón de Luisa. Varios días después la Trinidad
confirma a Luisa y establece en su corazón Su morada divina.
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Entrada sin fecha del Volumen 1: Luisa experimenta sus terceras nupcias, el matrimonio
espiritual de la Cruz.
Entrada sin fecha del Volumen 1: Luisa recibe los estigmas invisibles.
Febrero 28, 1899: A la edad de 33 en obediencia a su confesor Luisa comienza a escribir.
Noviembre 16, 1900: A la edad de 35 Luisa experimenta sus cuartas nupcias en las
cuales ella toma posesión del Corazón de Jesús, recibe tres alientos divinos, y se embarca
en estar centrada en la Divina Voluntad y en poseerla entera y completamente.
Noviembre 12, 1925: El Papa Pío XI instituye la Fiesta de Cristo Rey.
Octubre 7, 1928: A la edad de 63 Luisa se muda al Orfanatorio de las Hermanas del
Divino Celo en Corato.
Agosto 31, 1938: Tres de las obras de Luisa son puestas en el Índice de Libros Prohibidos,
además de los de Faustina Kowalska and Antonio Rosmini – todos los cuales fueron
eventualmente rehabilitados por la Iglesia.
Octubre 7, 1938: A la edad de 73 Luisa deja el Orfanatorio de las Hermanas del Divino
Celo. El Rev. Benedetto Calvi reubica a Luisa a la Vía Magdalena donde pasaría sus
últimos años.
Diciembre 28, 1938: Luisa escribe su último volumen (el volumen 36).
Marzo 4, 1947: Después de un corto ataque de neumonía — la única enfermedad
diagnosticable de su vida — Luisa Piccarreta muere.
Noviembre 20, 1994: Apertura de la Causa de Beatificación de Luisa; recibe el título
de Sierva de Dios.
Octubre 29, 2005: La Causa de Beatificación de Luisa concluye su iter diocesano.
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2.2 – Doctrina
2.2.1 – Los 3 Fiats de Creación, Redención y Santificación: Mientras que cada una de las
tres Personas divinas son distintas pero inseparables, muchos teólogos incluyendo a San
Agustín, sostienen que las obras ad extra de Dios pueden ser asignadas a cada Persona.
En el texto de Luisa esta asignación atribuye a Dios Padre la obra de la Creación, a Dios
Hijo la obra de la Redención y a Dios Espíritu Santo la obra de la Santificación.
2.2.2 – Los 3 modos de oración y acción: A la luz de la tripartición de San Juan de la Cruz
de las tres etapas de la unión mística con Dios, es decir, purificación, iluminación y
unificación, y de las 7 mansiones interiores de Teresa de Ávila, los teólogos místicos
revelan dos modos de orar y actuar: El modo humano (modo humano) y el modo divino
(modo divino). El modo humano corresponde a la etapa de purificación de Juan y las
primeras 3 mansiones de Teresa. El modo divino corresponde a las etapas de iluminación
y unificación de Juan y las mansiones 4-7 de Teresa. Hasta que el don de Vivir en la
Divina Voluntad fue libremente actualizado por Dios en la Iglesia, no se hizo mención de
un modo eterno, es decir, hasta que los escritos aprobados de Luisa revelaron que el don
de Vivir en la Divina Voluntad admite al ser humano al "modo eterno" de Dios, por
medio del cual Dios absorbe y eleva las oraciones y acciones del alma para participar
continuamente en una sola operación eterna de la Trinidad (ad intra operatio). Debido a
que la operación Trina de Dios es eterna y por lo tanto trasciende el tiempo y el espacio,
su elevación de los actos del alma les confiere poder para trascender el tiempo y el
espacio y a multilocarse, afectando concomitantemente a todas las criaturas del pasado,
presente y futuro, racionales e irracionales. Por este medio, al alma se le restaura al don
que Adán y Eva, y Jesús y María poseyeron, y que le restaura el oficio de corona de toda
la creación. Similar al capítulo de Daniel 3:57sigs. y al Salmo 148 de David, cuyas
oraciones en el modo divino impactaron a las criaturas de su tiempo, los "giros" de Luisa
a través de la creación proporcionan un método de orar en el modo eterno que impacta a
las criaturas de todos los tiempos.
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2.2.3 – Una nueva santidad: Mientras que a Luisa Jesús le revela que el modo eterno de
santidad es una nueva santidad que sobrepasa todas las demás formas de santidad, esta
afirmación requiere cualificación. La vida mística en muchos aspectos es un fenómeno
subjetivo experiencial, y a menudo está fuera de nuestra comprensión el determinar
objetivamente la grandeza de la santidad de una persona, mucho menos comparar una
santidad a otra. De hecho, Jesús le asegura a Luisa que el don de Vivir en Su Divina
Voluntad no es tanto un llamado a la santidad personal, como un llamado a santificar
todas las cosas para la realización de Su Reino. Mientras que es inútil por tanto hacer
comparaciones entre esta o aquella santidad, es seguro afirmar que una forma de santidad
puede ser mayor que otra cuando su grandeza está determinada por la naturaleza
intrínseca del don, y no por la correspondencia fiel del destinatario a cualquier gracia que
Dios pueda desear concederle, cuya correspondencia sólo Dios contempla.
2.2.4 – Diferencia entre "hacer" y "vivir" en la Divina Voluntad: Al considerar los modos
divino y eterno de oración y acción, Jesús le revela a Luisa las expresiones, "hacer la Divina
Voluntad" para significar lo primero y "Vivir en la Divina Voluntad" para significar lo último.
Él afirma que "Vivir en la Divina Voluntad" es el modelo que es "lo más cercano a los
benditos en el cielo" y tan distante de "hacer la Divina Voluntad" "como el cielo de la tierra".
La siguiente analogía representa estos dos modos: El modo divino de oración es el de una
persona santa en la Tierra que desea orar por las almas difuntas en un cementerio. Para
hacerlo, debe caminar de la lápida de una tumba a otra para ver quién es por quien debe orar y
entonces rezar por esa alma, un alma a la vez. El modo eterno de oración es el de uno que
deseando orar por las almas en un cementerio, es llevado por encima en un avión y contempla
a todas las almas en una vista aérea para rezar por todas concomitantemente. Vivir en la
Divina Voluntad es invitar a la una sola operación eterna de Dios dentro de nuestras
oraciones y acciones finitas, quien lega a ellas una cualidad eterna, por medio de la cual
impactan a todas las almas del pasado, presente y futuro concomitantemente.
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2.2.5 – El don de Vivir en la Divina Voluntad establece en el alma la "Vida Real" de
Jesús. Esta Vida Real es similar a la "Presencia Real" de Jesús en la Eucaristía, y se
perpetúa en el alma que vive en la Divina Voluntad. El Catecismo Baltimore afirmó que
después de que uno consume la Hostia consagrada, los accidentes de pan permanecen en
él durante unos 15 minutos, y luego son digeridos. En el alma que vive en la Divina
Voluntad, Jesús le dice a Luisa que aunque los accidentes son consumidos, su presencia
en la Hostia consagrada se perpetúa en esa alma, constituyendo así su Vida Real. Por este
medio, el alma que vive en la Divina Voluntad se convierte en una "hostia viva", es decir,
otro Jesús, intercediendo en nombre de la humanidad.
2.3 – Espiritualidad
2.3.1 – El Ofrecimiento de la Mañana en la Divina Voluntad (ver págs. 11-12): (Luisa
también se refiere a esto como el "acto preveniente"). Jesús nos pide que recitemos esta
oración al primer despunte del día, ya que al hacerlo, invitamos a la una sola operación
eterna de Dios en todos nuestros pensamientos, palabras y acciones durante todo el día.
Por consiguiente, Dios absorbe nuestros actos finitos en su operación que todo lo abarca
y que sostiene y anima todas las cosas. Por este medio, todo lo que pensamos, decimos y
hacemos, sostiene y anima a todas las criaturas a lo largo del cosmos.
2.3.2 – La renovación del Ofrecimiento de la Mañana a lo largo del día: (Luisa también
se refiere a esto como el "acto presente"). Debido a que las distracciones a lo largo del día
pueden disminuir la eficacia de nuestra oración de Ofrecimiento de la Mañana, se nos
pide renovarla de vez en cuando durante el día. Esta renovación puede ser una repetición
de las palabras del Ofrecimiento de la Mañana, o puede ser una simple aspiración de una
o dos frases en las que invitamos a la Trinidad a operar continuamente en nuestra
memoria, nuestro intelecto y nuestra voluntad, y continuamente dar poder a nuestra
respiración, nuestros latidos del corazón y nuestro flujo sanguíneo. En efecto, a Luisa
Jesús le reveló que en Adán prelapsario Dios Padre operó continuamente en su voluntad y 
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latido del corazón, el Hijo de Dios en su intelecto y el flujo sanguíneo, y el Espíritu Santo
en su memoria y su aliento.
2.3.3 – Los "giros" en la creación: Cada día el alma busca retribuir el amor que Dios puso
en la creación por amor a ella, yendo a lo largo de la creación adorando, agradeciendo y
glorificando a Dios. Aquí el alma se "biloca" a sí misma dentro de la creación al asimilar
sus pensamientos, palabras y actos, con los de todos los seres humanos, y alaba, adora y
agradece a Dios en nombre de las criaturas a lo largo del cosmos. Al asimilar en su vida
diaria cada pensamiento, palabra y acción suya con las de todas las criaturas, el alma
diviniza toda actividad creada. De hecho, Jesús le dice a Luisa que en su vida oculta cada
uno de sus alientos, pasos, palabras y aún sus actos más insignificantes, divinizaron toda
actividad humana y la actividad de todas las criaturas; mientras que su Pasión redimió al
hombre, su vida oculta divinizó al hombre.
Luisa logra sus Giros con dos movimientos de su alma. Para ilustrar mejor esta
dinámica interior, su primer movimiento interior era general, mediante el cual ofrecía a
Dios el amor, la alabanza y el agradecimiento de y por todas las criaturas a la vez. Su
segundo movimiento interior era particular, mediante el cual ofrecía a Dios todas las
cosas individualmente o en grupos, por ejemplo, los actos de todos los seres humanos, los
movimientos de las estrellas, de los árboles, etc. Con reminiscencias de las oraciones de
Daniel 3:57sigs. y del Salmo 148, los Giros de Luisa impactaron a la creación, y en virtud
de la operación eterna de Dios, no sólo impactaron a las criaturas de su tiempo de vida,
sino de todos los tiempos y concomitantemente.
2.3.4 – La repetición de los "actos divinos" del alma: Los actos divinos son la una sola
operación eterna de la Trinidad (que trasciende el tiempo y el espacio e impacta a todas
las criaturas concomitantemente) absorbiendo nuestros actos finitos de tal manera que
nuestros actos impactan a todas las criaturas también. Tales actos divinos disponen a
todos los seres humanos a recibir el don de Vivir en la Divina Voluntad, ayudan a "liberar 
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a la creación de la esclavitud de la corrupción" (Rom. 8:21), disponen al mundo para una
era universal de paz, y ayudan a realizar en la tierra el cumplimiento de la oración del
Padre Nuestro: "Venga a nosotros tu reino, hágase tu Voluntad así en la tierra como en el
cielo".
2.3.5 – Meditación sobre Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo: Ésta es
quizás la obra con más indulgencias que Luisa escribió, ya que las oraciones contenidas
en esta meditación ayudan a salvar almas y evitar calamidades, ofrecen protección para
las almas y hacen reparación a Dios. Jesús le dice a Luisa que aquellos que regularmente
mediten en esta obra, si son tentados, superarán toda debilidad, y si imperfectos, se
volverán santos y alcanzarán la perfección. Y además, le asegura que no hay ni un alma
que entre al purgatorio o al cielo que no se beneficie de estas Horas de la Pasión.
2.3.6 – Meditación sobre las 36 Lecciones de la Santísima Virgen María en el Reino de la
Divina Voluntad que nos enseñan cómo Vivir en la Divina Voluntad: Éstas son
meditaciones diarias para cada día durante el mes de mayo (incluyendo 5 lecciones
adicionales a petición de su confesor), pero pueden ser utilizadas para meditación durante
cualquier mes. Como Jesús nos dio lecciones en 36 volúmenes, así aquí María ofrece 36
lecciones.
2.3.7 – Los 36 volúmenes: Estos contienen revelaciones de Jesús a Luisa sobre cómo Vivir
en la Divina Voluntad. Los 36 volúmenes constan de más de 8,550 páginas escritas por
Luisa que poseía un poco más de una educación de primer grado. De los 36 volúmenes, el
primer grupo de 12 trata sobre el Fiat de la Redención, el segundo grupo de 12 trata sobre
el Fiat de la Creación y el tercer grupo de 12 trata sobre el Fiat de la Santificación.
Mientras que Luisa escribió de manera dispersa y descoordinada, su doctrina – como se
demostró en mi tesis doctoral – permanece inobjetable. Sus 36 volúmenes están diseñados
principalmente para la jerarquía de la Iglesia, sus sacerdotes y obispos, a quienes Jesús
llama para revisar e interpretarlos a la luz de las enseñanzas de la Sagrada Escritura, 
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Tradición y Magisteriales. Ellos han entonces de transmitirlos a los laicos con enseñanzas
doctrinalmente sanas y cortas. Debido a que pocos laicos tendrán el tiempo de leer más de
8,550 páginas, los 36 volúmenes han sido sistemáticamente presentados y condensados en
400 páginas para los laicos en la tesis doctoral aprobada titulada, "El Don de Vivir en la
Divina Voluntad en los Escritos de Luisa Piccarreta – una investigación sobre los
primeros concilios ecuménicos y sobre teología patrística, escolástica y contemporánea"
(disponible en línea para la compra).
2.3.8 – La progresión del alma en la Divina Voluntad: Algunas almas viven
imperfectamente en la Divina Voluntad, otras más perfectamente, y aún otras hasta el
punto de sumergirse a sí mismas totalmente en la Divina Voluntad. Estas tres etapas de
crecimiento interior del don de Vivir en la Divina Voluntad se encuentran en el Volumen
11, 29 de junio de 1914, y corresponden a la participación intermitente, continua y
completa en dicho don.
2.3.9 – Los Cuatro Pasos para Vivir en la Divina Voluntad: Deseo (nos admite a este
don), conocimiento (nos avanza en este don), virtud (nos ancla en este don) y vida
(actualiza este don). Mientras que el alma en estado de gracia, con deseo santo, entra
inmediatamente en una sola operación eterna de Dios e impacta a todas las cosas
concomitantemente, no es sino hasta que el alma esté anclada en las virtudes que puede
experimentar la vida en la Divina Voluntad, ya que vida implica continuidad en una sola
operación eterna de Dios.
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El Ofrecimiento de la Mañana en la Divina Voluntad
(El Acto Preveniente)
Jesús le dice a Luisa que cada mañana nuestra oración debe ser en la Voluntad de
Dios. Jesús instruye a Luisa y a cada uno de nosotros sobre cómo recitar esta oración cada
mañana. El 27 de mayo de 1922 en el volumen 14 Jesús le revela a Luisa que el acto
preveniente o el Ofrecimiento de la Mañana en la Divina Voluntad, se realiza cuando el
alma, al primer despunte del día, fija su voluntad en la Voluntad de Dios. Aquí el alma
decide y confirma que quiere vivir y operar sólo en la Voluntad de Dios. El alma anticipa
todos sus actos de todo el día en este ofrecimiento de la mañana al consagrarlos a la
Divina Voluntad. En este momento, los actos del alma empiezan a fluir en el un solo acto
eterno de Dios que no teniendo principio ni fin, eleva sus actos para abarcar todos los
actos de las vidas del pasado, presente y futuro.
Sin embargo, porque la autoestima, la negligencia y otras cosas durante el día pueden
disminuir la eficacia del acto preveniente, como nubes ante el sol, uno debe renovar este
acto a lo largo del día. Jesús se refiere a esta renovación como el acto presente, y elimina
las cosas que pueden disminuir el acto preveniente. A Luisa Jesús le reveló que tanto los
actos prevenientes como los presentes son necesarios para Vivir en la Divina Voluntad: El
primero dispone y admite al alma a Vivir en la Divina Voluntad, mientras que el último
mantiene y expande el alma en esa misma Voluntad.
Si mantiene una ética de trabajo ocupada, puede renovar el acto preveniente tres-cuatro
veces al día. Ahora la manera de renovar este acto no se limita a su repetición, aunque
este es un buen método. Dios se complace en ver que le expresa su amor en una variedad
de maneras. Puede renovar este acto, por ejemplo, en su Fiat de la Creación, en su Fiat de
la Redención o en su Fiat de la Santificación.
Ahora, cuando sea que renovemos este acto deberíamos, como Luisa, hacerlo con dos
movimientos del alma. Luisa utiliza este enfoque a menudo. El primer movimiento del
alma es 'general', y aquí le ofrecemos a Dios el amor, la alabanza y el agradecimiento de y
para todas las cosas a la vez, ya que están presentes a nosotros en el eterno ahora. El
segundo movimiento es 'particular', y aquí le ofrecemos a Dios todas las cosas en grupos,
uno a la vez (los soles del cosmos, las estrellas, las aguas, toda la humanidad, etc.) o
individualmente (esta o aquella cosa en particular). Luisa practicó sistemáticamente
ambos movimientos hasta que pasó a su recompensa eterna.
El siguiente acto preveniente, también conocido como el Ofrecimiento de la Mañana en la
Divina Voluntad, es una hermosa oración compilada de numerosos extractos de los 36
volúmenes de Luisa siguiendo su método de oración, el cual empleaba cada mañana.
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OFRECIMIENTO DE LA MAÑANA EN LA DIVINA VOLUNTAD
Oh Inmaculado Corazón de María, Madre y Reina de la Divina Voluntad, te suplico, por los
infinitos méritos del Sagrado Corazón de Jesús y por la gracia que Dios te ha otorgado desde tu
Inmaculada Concepción, la gracia de nunca descarriarme.
Sacratísimo Corazón de Jesús, yo soy un pobre e indigno pecador, y te suplico la gracia de permitir
que nuestra Madre y Luisa formen en mí los actos divinos que adquiriste para mí y para todo el
mundo. Estos actos son los más preciados de todos, ya que llevan el Poder Eterno de tu Fiat y
esperan mi "Sí, hágase tu Voluntad" (Fiat Voluntas Tua).
Así que les imploro, Jesús, María y Luisa a que me acompañen mientras ahora rezo:
No soy nada y Dios es todo, ven Divina Voluntad. Ven Padre Celestial a latir en mi corazón y
moverte en mi voluntad; ven amado Hijo a fluir en mi sangre y pensar en mi intelecto; ven Espíritu
Santo a respirar en mis pulmones y recordar en mi memoria.
Me fundo en la Divina Voluntad y pongo mi Te amo, Te adoro y Te bendigo Dios en los Fiats de la
Creación. Con mi Te amo mi alma se biloca en las creaciones de los cielos y la Tierra: Te amo en las
estrellas, el sol, la luna y en los cielos; Te amo en la Tierra, en las aguas y en toda criatura viviente
que mi Padre creó por amor a mí, para que yo pueda regresar amor por amor.
Ahora entro en la Santísima Humanidad de Jesús que abarca todos los actos. Coloco mi Te adoro
Jesús en cada uno de tus alientos, latidos del corazón, pensamientos, palabras y pasos. Te adoro en
los sermones de tu vida pública, en los milagros que realizaste, en los Sacramentos que instituiste y
en las fibras más íntimas de tu Corazón.
Te bendigo Jesús en su cada una de tus lágrimas, golpes, heridas, espinas y en cada gota de Sangre
que desató luz para la vida de cada ser humano. Te bendigo en todas tus oraciones, reparaciones,
ofrecimientos, y en cada uno de los actos y dolores interiores que sufriste hasta tu último aliento en
la Cruz. Encierro tu Vida y todos tus actos, Jesús, con mi Te amo, Te adoro y Te bendigo.
Ahora entro en los actos de mi Madre María y de Luisa. Pongo mi Te agradezco en cada
pensamiento, palabra y acción de María y Luisa. Te agradezco en las alegrías y los dolores
comprendidos en la Redención de Jesús y en la Santificación del Espíritu Santo. Fundido en sus
actos hago que mi Te agradezco y Te bendigo fluya en las relaciones de todas las criaturas para
llenar sus actos de luz y vida: para llenar los actos de Adán y Eva; de los patriarcas y profetas; de las
almas del pasado, presente y futuro; de las benditas almas del Purgatorio; de los santos Ángeles y
Santos.
Ahora hago estos actos propios, y te los ofrezco a Ti, mi Padre tierno y cariñoso. Que aumenten la
gloria de tus hijos, y Te glorifiquen, satisfagan y honren en su nombre.
Ahora comencemos nuestro día con nuestros Divinos Actos fundidos. Gracias Santísima Trinidad
por permitirme entrar en unión Contigo por medio de la oración. Venga a nosotros Tu Reino, y
hágase Tu Voluntad así en la Tierra como en el Cielo. Fiat

martes, 9 de abril de 2019

Agosto 12, 1912 vol. 11 Cuánto me desagrada ver al alma encogida en sí misma

“Hija mía, cuánto me desagrada ver al alma encogida en sí misma, verla
obrar sola, pues estando junto a
ella la miro y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que hace,Yo estoy esperando que me llame y me diga: ‘Quiero hacer esta cosa y no sé hacerla, ven Tú a hacerla junto conmigo y todo sabré hacer bien.’ Por ejemplo: ‘Quiero amar, ven junto conmigo a amar; quiero rezar, ven Tú a rezar junto conmigo; quiero hacer este sacrificio, ven Tú a darme tu
fuerza pues yo me siento débil.’ Y así de todo lo demás, y Yo con mucho gusto, con sumo placer mío me prestaría a todo.” Agosto 12, 1912 vol. 11

viernes, 1 de febrero de 2019

AVISOS IMPORTANTES A QUIEN HABLA DE LA DIVINA VOLUNTAD LIBRO DEL PADRE P.MARTIN



AVISOS IMPORTANTES A QUIEN HABLA DE LA DIVINA VOLUNTAD

1 - No basta decir: “ya me he consagrado a la Divina Voluntad”, o bien: “ya he leído todos los escritos de Luisa”, para vivir de verdad en la Voluntad Divina. Si no le damos todo el espacio, toda la libertad para que haga en nosotros lo que quiera, no podemos decir que vivimos en Ella.
Es como una persona –lo dice también Luisa– que tiene sus sentidos, la vista, el oído, la lengua, las manos, los pies, la respiración, el palpitar del corazón, pero todas esas cosas no funcionan, no se mueven absolutamente por su cuenta; la persona es la que las mueve o hace que las mueva la Voluntad Divina. Esta es la que ha de poder mover nuestros ojos, dar en nosotros vida a la palabra, vivir en nuestro respiro… Imaginemos nuestro cuerpo como un vestido que nos cubre y en el que estamos: ese vestido no se mueve si nosotros no queremos. Si un sentido o un miembro de nuestro cuerpo se moviera contra nuestra voluntad sería un problema serio. Nuestro cuerpo es como un vestido, no tiene que tener vida por su cuenta, sino que debe dejarse mover por nosotros que vivimos en él. Así vive Dios en nosotros: nosotros somos como un vestido para Dios; por tanto este vestido que somos nosotros no tiene que hacer nada por iniciativa suya ni con su voluntad, ni siquiera un movimiento, porque entonces Dios dice: ¿no soy Yo aquí el Rey, no soy Yo el dueño? Esto es algo fundamental. Hace falta un perfecto abandono.
Esto no significa un “quietismo”, no hacer nada; sería un gran error decir “lo que no está expresamente mandado está prohibido”. No, el Señor te dice: “En el respeto de mi Ley –y tú ya la conoces– puedes hacer cualquier cosa, pero llámame a que la haga Yo en tí y por medio de tí”.

2 - Llega la noticia del don de la Voluntad Divina como vida, ha llegado a nosotros: “Dios quiere darte su Voluntad para que sea tu vida; es demasiado poco para El que tú cumplas fielmente todo lo que El quiere. Dios desea compartirla contigo para que sea en tí lo que es en El, la fuente de donde brotan todas sus obras, sus bienes infinitos y su felicidad”.
La noticia es señal de que Dios quiere dárnosla de verdad, por eso lo primero que debemos hacer es acoger esta noticia, creerla con toda sencillez y enseguida dar a Dios nuestra respuesta.
Y luego, ¿qué más debemos hacer? ¿Qué pasos hay que dar, cómo progresar? A medida que se conoce una cosa se aprecia, se desea, se ama, la hacemos nuestra. Para conocer las verdades maravillosas que el Señor ha querido manifestar acerca de esta gran noticia, hay que leer las páginas que le ha hecho escribir a Luisa, porque no se encuentran en ningún otro libro: así lo ha querido El. Leyendolas, nuestra mente no piensa en nosotros, sino en El, se ocupa de sus cosas, se enamora cada vez más de El. La luz es don de Dios, así como los ojos, pero abrir o cerrar los ojos depende de nosotros. Si ante estas primeras noticias la mente se queda fría, indiferente o, peor aún, reacciona cerrandose o oponiendose, eso es señal de que hay algún serio obstáculo interior, en la conciencia. Conocerlas depende siempre de lo que
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realmente queremos, éste es el secreto: ¿qué es lo que queremos de verdad? No importa lo que pasa a nuestro alrededor, si los demás ayudan o nos crean problemas o dificultades, no tiene importancia; lo importante es lo que nosotros de verdad, en serio queremos, nuestra respuesta personal a Dios.

3 - Para conocer cómo es de verdad nuestra respuesta personal a Dios, es muy importante un pequeño exámen de conciencia: “Señor, ¿qué es lo que podrías Tú pedirme, y que yo no quisiera darte?” Cuando pensamos ésto, descubrimos dónde está nuestro verdadero tesoro, vemos si nuestra voluntad está libre o está atada por algo. Cuando seriamente, con sinceridad decimos: “Señor, Tú puedes pedirme todo, mis cosas, la salud, las personas queridas, la vida, puedes pedirme lo que quieras, que desde ahora ya te lo he dado (…aunque tal vez luego aún me lo dejes)”, entonces el Señor encuentra nuestra puerta abierta para poder entrar, entonces todo es bueno, todo es correcto.
El problema no es lo que nosotros decimos, sino lo que compredemos, lo que queremos; eso es lo importante. Le podemos dar nuestra respuesta al Señor con otras palabras, pero ese es siempre el deseo: “Señor, no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Que tu Voluntad sustituya totalmente la mía, que tome el lugar de la mía, así será como si yo no tuviera voluntad; debo comportarme como muerto, para que Tú vivas en mí”.

4 - Para dar la respuesta al Señor, para consagrarnos a la Divina Voluntad podemos servirnos de pocas o de muchas palabras, pero no son las oraciones que rezamos, las ceremonias o le cosas externas las que deciden por nosotros. La decisión está siempre dentro del alma; comprender y desear, conocer y querer, eso está dentro de nosotros. Lo que sucede fuera de nosotros no tiene importancia, que sean días de sol o días de lluvia, no tiene importancia; que todo vaya bien, que todo vaya mal, no tiene importancia, lo importante es lo que yo he comprendido y quiero, y yo quiero la Voluntad del Señor y no la mía. Esto es lo esencial, ésta es la esencia de la consagración. Podemos consagrarnos a la Voluntad Divina con muchas bellas palabras, con las palabras de Luisa, con otras palabras, con pocas palabras; se puede uno consagrar, puede renovar la consagración diciendo “¡Señor, comprendo lo que me ofreces, lo quiero!”. Pues bien, eso ya es una perfecta consagración.
¿Pero cuántas veces hemos de hacer la consagración? ¿Una vez al año? No hace daño, pero no cambia nada. ¿Una vez al día? Muy bien. ¿Una vez cada tres horas? Mejor todavía. ¿Una vez cada cinco minutos? Aún mejor. ¡Una vez en cada respiro, en cada latido del corazón! Entonces no hacen falta ni siquiera las palabras, porque todo consiste en la intención y en la atención.

5 - El verdadero espíritu de la consagración nos lo enseñan algunas parábolas muy bellas, muy sencillas del Evangelio. El Reino de los Cielos (o sea, de la Divina Voluntad) es semejante a un tesoro oculto en un campo, que un hombre encuentra, dice el Señor. Cuando encuentra el verdadero tesoro oculto y se da cuenta de que es el verdadero gran tesoro maravilloso, ya no le importa nada, le interesa sólo comprar ese campo para poseer el tesoro:
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entonces corre a vender todo lo que tiene, para comprar ese campo. Pues bien, el tesoro está en el campo de los escritos de Luisa y es la Divina Voluntad como vida. Cuando eso se comprende, nada tiene ya importancia, ya no nos ocupamos de otras cosas, ya no tenemos deseos ni tiempo para otras cosas, porque toda nuestra atención, nuestro deseo es poder tener ese tesoro. Todo lo demás es relativo, las demás cosas son medios, pero tener como vida la Divina Voluntad es el fin de todo.
¿Con qué compraré ese tesoro? Con lo único que puedo decir que es mío, con mi voluntad. Puedo pagar sólo con mi voluntad para poder recibir la Suya. ¿Acaso no es un intercambio de dones? El Señor ha dicho también: “El que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame”. Niéguese a sí mismo, es decir, no dé espacio ni vida a su propia voluntad, abrace cada día la Voluntad de Dios (que de esa forma crucifica la nuestra) y lo mire sólo a El para seguirlo, o sea para hacer con El lo que El ha hecho.

6 - Por eso en los diez primeros volúmenes de Luisa (aunque en ciertos momentos el Señor ya habla de su Voluntad y dice cosas muy importantes, indicandola como su finalidad 1) en general habla de las distintas virtudes, en cuanto que sirven para “modelar” la voluntad humana, dandole la forma divina necesaria. En esos volúmenes hallamos continuamente a Luisa
1 - “Mi intención es absorberte en mi Voluntad y hacer (con la tuya) una sola, haciendo de tí un ejemplar perfecto de uniformidad de tu querer con el Mío. Pero eso es el estado más sublime, es el prodigio más grande, es el milagro de los milagros lo que quiero hacer de tí. Hija mía, para llegar perfectamente a hacer que nuestro querer sea uno solo, el alma se ha de hacer invisible, debe imitarme (…) Así el alma debe espiritualizar todo y llegar a volverse invisible, para poder formar fácilmente su voluntad una cosa sola con la Mía, porque lo que es invisible puede ser absorbido en otra cosa. De dos objetos, con los que se quiere hacer uno solo, es necesario que uno pierda su propia forma, pues si no nunca se llegaría a formar un solo ser. ¡Qué fortuna sería la tuya, si, destruyendote tú misma, hasta hacerte invisible, pudieras recibir una forma toda divina! Más aún, con quedar absorbida tú en Mí y Yo en tí, formando un solo ser, llegarías a tener en tí la fuente divina y, al contener mi Voluntad todo el bien posible, llegarías a tener en tí todos los bienes, todos los dones, todas las gracias, y no necesitarías buscarlos en otras partes, sino en tí misma. Y si las virtudes no tienen límites, estando en mi Voluntad por cuanto la criatura puede alcanzar, llegará a sus límites, porque mi Voluntad hace llegar a adquirir las virtudes más heroicas y sublimes, que la criatura no puede superar. Es tan grande la altura de la perfección del alma que se deshace en mi Querer, que llega a obrar como Dios, y eso no es de extrañar, ya que como ya no vive su voluntad en ella, sino la Voluntad del mismo Dios, cesa todo asombro si viviendo con esta Voluntad posee la potencia, la sabiduría, la santidad y todas las otras virtudes que tiene el mismo Dios. Basta decirte, para hacer que te enamores y colabores lo que puedas por tu parte para llegar a tanto, que el alma que llega a vivir sólo de mi Querer es reina de todas las reinas y su trono es tan alto, que llega hasta el trono del Eterno, entra en los secretos de la Augustísima Trinidad y participa en el amor recíproco del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. ¡Oh, cómo todos los ángeles y los santos la honran, los hombres la admiran y los demonios la temen, viendo en ella el Ser Divino!” (Vol. 3°, 21 de Mayo 1900)
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como víctima; eso puede impresionar mucho, pero a nosotros no nos interesa, por así decir, ya que no es problema nuestro, no somos víctimas como ella; ese era su principal problema, era su misión, pero nosotros no tenemos esa vocación en la forma como ella la tuvo. Debemos comprenderlo cuando leemos el primer volumen y los demás. De lo que tenemos necesidad nosotros es de darnos cuenta y comprender, qué es lo que debemos vender para comprar el Tesoro.
En efecto, conviene siempre (es mi consejo) leer los 10 primeros volúmenes y al mismo tiempo ir leyendo a partir del volumen 11°, porque éste y los que siguen nos hacen conocer el tesoro para enamorarnos de él y desearlo. Los diez primeros volúmenes nos enseñan qué es lo que debemos dar, nos enseñan a renunciar a nosotros mismos, y ese es el trabajo de las virtudes cristianas, como el Señor le explica a Luisa. Nos hacen comprender cómo nos debemos liberar de nuestra voluntad bajo tantos aspectos, bajo el aspecto de la obediencia, de la humildad, de la paciencia, de la caridad, de la constancia, etc, y todas las virtudes cristianas indican de que manera hay que dominar nuestra voluntad y no darle vida para que pueda tener como vida la Divina Voluntad. Pero a partir del volumen 11° nos muestran el tesoro maravilloso que el Señor nos ofrece.

7 - La gran Noticia de la Divina Voluntad, que ahora Dios quiere darnos como vida y no sólo como Ley, es necesario que se transmita en un primer momento “de persona a persona”. “La fe depende de la predicación y la predicación a su vez se realiza por la palabra de Cristo” (Rom 10,17). Luego, sucesivamente, llegará el momento de dar un escrito para que la otra persona entre personalmente en contacto con estas maravillosas verdades, recordando la promesa de Ntro. Señor al final de su “Llamado del Rey Divino”: “Os ruego, hijos míos, que leais con atención estas páginas que os pongo delante y sentireis la necesidad de vivir de Voluntad mía. Yo me pondré a vuestro lado cuando leais y os tocaré la mente, el corazón, para que comprendais y decidais querer el Don de mi Fiat Divino”.
Así se propagó el Evangelio, antes aún de que fuera escrito. Los discípulos sintieron la necesidad de ser “apóstoles”, evangelizadores, evangelio vivo, y la gente veía y decía: “¡Cómo se aman!” Luego llegaron los Apóstoles y después los Evangelios escritos. Lo mismo pasa con los escritos de Luisa. Si no es así, el peligro es hacer “ideología” y no Verdad vivida, indiscutible por ser vida.
Hace falta leer todos los volúmenes. Estan precedidos por la maravillosa síntesis del Mensaje, que son los tres “Llamados”. Adentrandose en los volúmenes (por ejemplo, el 15°) se empieza a comprender por qué el primero empieza con “la novena de Navidad”, ya que en realidad todo parte del decreto eterno de la Encarnación del Verbo, que a causa del pecado (el querer humano) ha tenido que encarnarse como Redentor y “Varón de dolores”. Los primeros volúmenes hacen ver todos los males causados por el querer humano separado del Divino, y conducen al verdadero morir a nosotros mismos, si queremos dar vida en nosotros al Querer Divino, que empieza a resplandecer, como la aurora, a partir del decimo primero...


8 - Perder nuestro querer humano y adquirir el Querer Divino es lo que San Juan Bautista dijo: “conviene que El crezca y yo disminuya”. El Señor ha de llenar todo mi ser y mi vida, yo debo dejar totalmente el puesto a Jesús, debo ser como una vestidura que Lo cubre, como otra humanidad suya. Así yo no debo vivir mi vida por mi cuenta, por iniciativa mía, sino dejar que el Señor sea el que viva en mí. Yo soy su morada, El ha de ser el dueño de la casa; yo he de ser como el recipiente y El ha de ser el contenido. Entonces el Señor, tan humilde, tan bueno, tan misericordioso, se adapta a nosotros, a quien lo contiene, se adapta a nuestra capacidad, a nuestro modo de pensar, de obrar, etc., como un líquido se adapta al volumen y a la forma de la botella que lo contiene. El se adapta a nuestra pequeñez, a nuestros límites, a nuestra mentalidad, a nuestro modo de sentir, de reaccionar, de hablar… El se adapta a nosotros, pero eso es sólo el comienzo, porque por justicia quiere que también nosotros hagamos lo mismo, que también nosotros nos adaptemos a El. Nosotros somos el contenedor y El se hace el contenido, El acepta tomar nuestra condición humana, nuestra forma y nuestros límites, para que también nosotros perdamos nuestra forma de pensar, de amar, de sentir, de sufrir, de orar, de todo; perdamos nuestra forma humana para adquirir la Suya divina.
En el Primer Volúmen Luisa habla de la Novena de la Santa Navidad, que hizo cuando tenía 17 años. En la cuarta hora Jesús le decía: “Hija mía, quisiera abrazarte, pero no puedo, no hay espacio, estoy inmóvil, no puedo hacerlo; quisiera ir a tí, pero no puedo andar. Por ahora abrázame y ven tú a Mí; después, cuando salga del seno materno, vendré Yo a tí”.
Estas palabras aluden a una enseñanza fundamental, que el Señor irá luego desarrollando a lo largo de los escritos. Son como dos tiempos de la vida espiritual. En el primero, el alma, ayudada por la Gracia, es protagonista en su búsqueda de Dios; en el segundo, después, es Jesús el Divino protagonista, cuando vendrá al encuentro del alma. Esto vale para cada alma, como para el conjunto de las almas: la humanidad.
Primero El, el Rey, establece su morada en nuestra mísera choza y se adapta con tanta humildad, con tanto amor, con tanta paciencia a vivir en nosotros, a hacer con nosotros nuestras cositas, a compartir nuestra vida. Por eso lo invitamos cada día diciendo: “ven, Divina Voluntad, a pensar en mi mente, a hablar en mi voz, a obrar en mis manos”, etc. El Señor se abaja a hacer eso, pero luego El dice: “bueno, hijo mío, ahora ven tú a vivir conmigo en mi palacio; por eso olvídate de tu pequeña choza, ven a tomar posesión de mi Reino, ven a ver lo que hago Yo para que aprendas de Mí y me acompañes en todo”…

9 - Sin embargo nosotros no somos capaces de vivir enseguida definitiva-mente en su Voluntad; lo hacemos al principio algunas veces al día, dos, tres, cinco veces, cuando nos acordamos, y esas veces nos asomamos apenas un poco… Después poco a poco, cada vez más, hasta que pasemos más tiempo en su palacio, admirandolo, que no en nuestra mísera cueva, hasta que la olvidemos, porque ya vivamos siempre habitualmente en el palacio del Rey
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como hijos suyos… Es entonces cuando debemos adaptarnos a su modo: a vestir como El se viste, a comer lo que es su Alimento, a obrar como El obra, a cuidar de todo, a reinar, a amar como El ama, a dar la vida como El la da.
Primero es la Divina Voluntad la que, llamandola, viene a ser en nosotros la protagonista, a hacer todo lo que hacemos, se adapta a nosotros; pero después, cuando ya nos ha preparado suficientemente y nosotros cada vez más queremos visitar su palacio, cuando le hemos dado suficientes pruebas seguras de que sólo queremos su Voluntad y sentimos que ya no sabemos vivir fuera de Ella, entonces somos nosotros los que nos adaptamos a Ella. Sólo entonces es cuando espontáneamente la oración hace los famosos “giros o paseos del alma”, o sea, es entonces cuando empezamos a recorrer con el Señor todo lo que El ha hecho, sus obras, la Creación, la Redención, la Santificación, para conocer y tomar posesión de todas sus riquezas y maravillas que ya son nuestras. Dios nos las ha dado y nosotros debemos glorificarlas, y al recorrer todas esas obras suyas, vemos que El las ha hecho con tanto amor a nosotros y que debemos darle respuesta de amor por nosotros y por todos en esas mismas cosas, dandole las gracias con su mismo agradecimiento, abrazarlo con su Inmensidad, alabarlo con su Sabiduría, glorificarlo con su misma Gloria, amarlo con su mismo eterno Amor. Por tanto, antes El se adapta a nosotros, para que luego nosotros nos adaptemos a El.
Esa es la primera parte, ese modo de orar: “Ven, Divina Voluntad, a pensar en mi mente, a caminare en mis pasos”, etc., Sí, todo esto es bello, es importante, es necesario, pero sólo es el comienzo. Después, cuando se va creciendo como Jesús (que crecía en edad, sabiduría y gracia) debemos crecer en conocimiento, en sabiduría, en amor. Por eso es necesario leer mucho los escritos de Luisa y compartir con Jesús todo lo que es Suyo. Sólo entonces empezamos a sentir que todas esas cosas del Señor, lo que El ha hecho, las obras de Dios, nos pertenecen, son nuestras y las reconocemos y amamos. Sólo así se puede decir que “se hacen los giros, los paseos en la Divina Voluntad”; pero si a eso todavía no hemos llegado, es inutil y de nada vale decir que hacemos “los giros”. El Señor dice: “¿pero giros de qué, si tú todavía no me conoces, si no conoces mis obras, si aún vives en tu choza? No puedes saber lo que hay en el palacio del Rey, hasta que no dejes de verdad tu choza, tu voluntad, y vengas a vivir en mi palacio real, no sabes lo que hay en mi Reino”.
El Señor dice: es cierto que te lo quiero dar, pero tú todavía no lo recibes; cuando tú me pides mi Voluntad, Yo te la doy, pero tú la recibes sólo cuando me das de verdad la tuya.
Se la pedimos al Señor durante mucho tiempo y El tal vez durante toda una vida nos pide, nos pregunta de muchas formas: “¿quieres darme de verdad tu voluntad, quieres negarte a tí mismo, tomar tu cruz cada día y seguirme”, como he dicho en el Evangelio? ¿De verdad quieres no darte nada a tí mismo para darmelo todo a Mí?

10 - Sólo dos cosas podemos presentar como nuestras: DESEOS y DISPONIBILIDAD. No tenemos otra cosa. Los deseos deben ser grandes,
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verdaderamente sinceros, dispuestos a todo, deben ser grandes, nobles, generosos (por ejemplo: “Señor, que todos se salven”, “que venga tu Reino”); y la disponibilidad es no decir al Señor cómo tiene que hacer las cosas, es dejarle que haga todo en nosotros, come dice el Señor a Luisa: “el verdadero y perfecto abandono dice con hechos: mi vida es tuya, de la mía no quiero ya saber nada”. Esto es muy importante: deseos y disponibilidad.
Es verdad que hallamos obstáculos, pero si creemos llegaremos adonde debemos llegar y los obstáculos no nos han de detener. Si no puedo pasar por un lado, busco por dónde, paso por otro sitio; si encuentro un stop me debo detener, pero no termina ahí mi camino, continúo… Si tengo un problema de motor o de ruedas, lo hago reparar, pero no acaba ahí mi viaje. Para eso estan los Sacramentos. Yo sigo, no me paro. Recordemos que en el vocabulario de Dios no existen palabras como “imposible”, o “inutil”, o “esto es demasiado”, o “tengo miedo”… ¿Por qué tenerlas nosotros, que somos sus hijos?


11 - “Los giros o paseos” no se hacen si antes la voluntad humana no está muerta del todo. Son solamente una forma de decir, una cancioncita aprendida de memoria… La voluntad humana existe siempre y debe existir sólo para dar espacio en sí a la Voluntad Divina, para identificarse con Ella. “Los giros del alma” es capaz de hacerlos sólo quien vive en la Divina Voluntad. Aunque el Señor te regale “su avión”, tú no puedes volar ni aprendes mientras sigas con “tu bicicleta”.
Nadie puede decir que vive en la Divina Voluntad; podemos decir sólo que la deseamos y con humildad confiamos que el Señor llevará a cabo la obra que en nosotros ha empezado. No consiste en una oración que se reza, en un distintivo, en un carnet, en una aprobación oficial, en un estatuto, en una particular comunidad o grupo eclesial o de oracón, en congresos...
La Divina Voluntad es como la lava de los volcanes, que en la humildad, bajo tierra tiene una temperatura elevadísima que funde las rocas y excava largos túneles y quién sabe adónde llega…, pero apenas sale a la superficie y se muestra, empieza a enfriarse, se endurece, se vuelve negra y se detiene.
Se puede decir “Jesús, te amo”, pero eso no significa que se vive en la Voluntad Divina. Algunas personas que rezan las oraciones de Luisa dicen que viven en la Divina Voluntad… Dicen: “soy hijo del Divino Querer”…, ¡enhorabuena! ¿Pero viven como vive Jesús, el Hijo del Divino Querer? Todo depende de cuánto espacio le deja nuestra voluntad a la Divina.
Debemos leer, desde luego, los escritos de Luisa, eso es fundamental, pero la finalidad es que nosotros lleguemos a ser los escritos o los volúmenes vivientes de la Divina Voluntad. Como no habría sido suficiente tener los cuatro Evangelios escritos, sin los evangelistas ni los evangelizadores.


12 - Ntro. Señor dice que “de la abundancia del corazón habla la boca”, no ya de la abundancia de nuestra cabeza, de nuestra cultura o saber. Por eso no conozco a nadie que haya recibido la Fe porque yo le haya recitado el Credo, ni alguien que se haya enfermado por ejemplo de tuberculosis porque yo le haya explicado lo que es esta enfermedad; pero si yo la tengo, entonces es fácil que pueda contagiar...
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¿Por qué digo ésto? Por avisar acerca del gran “celo” apostólico que podemos sentir. Es lógico que quien encuentra la monedita que había perdido vaya, lleno de alegría, a decirlo a todo el mundo, como dice en una parábola el Señor. Pero también dice en otra que el que encuentra el Tesoro escondido lo esconde (en sí), corre a “vender todo lo que tiene” para comprar ese campo.
Además es necesario saber de qué hablamos. Los primeros Apóstoles, después de su primer encuentro con Jesús, llenos de alegría, comunicaron lo que sabían de El, “telegráficamente”. Andrés encontró a su hermano y le dijo: “¡Hemos encontrado al Mesías!” “¿Pero es posible?” “Ven y verás”, y lo llevó a Jesús para que lo conociera personalmente. Por eso es suficiente dar un primer anuncio a las personas porque este Tesoro, como el Evangelio, se transmite “de persona a persona”: hace falta ser suficientemente “un Evangelio viviente” para transmitirlo, ser discípulos antes que ser apóstoles. Sí, podemos hablar a un grupo, como hace un sacerdote por ejemplo en una iglesia, pero luego ha de llegar la fase de hablar a la persona concreta, y eso es posible en la medida que dicha persona manifiesta un mínimo de interés y de deseo de saber más de eso que le hemos dicho. El Señor ha dicho: “da al que te pide”, porque si no te pide, ¿qué le vas a dar? El Señor no arroja las cosas santas a los perros...
Otra cosa: no consideremos por separado las diferentes verdades reveladas por el Señor, como si fueran temas que no tienen que ver unos con otros. Todo ha de ser ordenado, cada cosa en su lugar. Pero no cometamos el error, por ejemplo, de no respetar lo que un párroco les pida que hagan en su parroquia haciendo otra cosa: si el Padre pide que se hable de la Divina Misericordia, de eso hay que hablar, y sólo después se puede tocar el tema de la Divina Voluntad, haciendo ver como una cosa va unida a la otra. Y aprovechemos cada ocasión para hablar apenas el Señor dé una oportunidad, pidiendole que El sea el que hable a los corazones.


13 – En el libro del Apocalipsis leemos: «Después ví a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros. Fue abierto también otro libro, el de la Vida. Los muertos fueron juzgados conforme a lo que estaba escrito en esos libros, cada uno según sus obras. (…) Y el que no estaba escrito en el libro de la Vida fue arrojado al lago de fuego» (Ap. 20,12-15)
La vida es como un libro, de muchas páginas. Tantas como son los días de nuestra vida, las horas e incluso los minutos. Lo escribimos día tras día, hora tras hora. Al final, la Gloria del Cielo, el grado de felicidad dependerá de cuantos MOTIVOS de felicidad y de gloria hayamos acumulado en nuestra vida, en las páginas de nuestro libro. Y lo que escribimos en él debe corresponder a lo que está escrito en el libro de Aquel que es la Vida, Jesucristo.
Imaginemos la escena inicial del día: el niño (nuestra alma) se despierta y enseguida corre a su Papá, el Padre Divino, que lo está esperando con tanto amor. Cuando llega lo abraza, le da un beso y lo sienta sobre una rodilla; a continuación toma un libro grande, maravilloso, “el Libro de la Vida”, mientras 11
el niño saca su cuadernito, en el que debe copiar lo que para ese día ya está escrito en el Libro de la Vida… ¿La Vida de quién? ¡De Jesús! Porque El ha vivido en su Vida la vida de cada uno de nosotros, como debía de ser, de una forma perfecta, es decir, divina.
“Si tú me lo permites –dice Jesús– yo quiero ser en tí Actor y Espectador al mismo tiempo”. Entonces, si el niño es inteligente, dice: “Papá, yo no sé escribir, lo hago muy mal, me distraigo y pierdo tanto tiempo, me equivoco con las palabras, y luego mi escritura es impresentable, llena de errores, de manchas, de garabatos…, ¡AYUDAME!” ¡Esa es la palabra que el Padre esperaba! Entonces el Papá le dice: “Dáme la manita, ponla en la mía”, y así en poco tiempo, mano en la mano, escriben la página del día… “Papá, qué lindo es esto que Tú has escrito…” –“Hijo mío, «que hemos escrito», porque si tú no me hubieras dado la manita, Yo no habría escrito nada”.
Jesús quiere ser el Protagonista de cada página de nuestra vida, como el Padre lo es de cada página de la suya: “el Padre, que vive en Mí, hace sus obras” (Jn 14,10). Eso lo han sabido todos los Santos: “He sido crucificado con Cristo y ya no soy yo el que vive, sino es Cristo que vive en mí” (Gál 2,20). Pero ahora ha llegado el momento en que quiere que también nosotros vivamos en El, que seamos partícipes y co-protagonistas de cada página de su Vida, empezando por la primera, que nos unamos conscientemente a El desde su Encarnación, cuando “entrando en el mundo” El ha dicho: “Héme aquí, oh Padre, que vengo para hacer tu Voluntad” (Hebreos, 10,7).
¡Oh, inmenso amor de Dios, que no quiere estar solo, El, que no necesita de nada! ¡Que quiere sólo dar amor y felicidad! Por eso, en su decreto eterno, nos ha querido a todos nosotros junto con El, como miembros de su Cuerpo, y al encarnarse ha concebido junto con su Humanidad a todas las almas, con todas las deudas de todas las criaturas, y su obra de Redentor ha empezado desde el primer instante. Nos ha llevado en El en cuanto criaturas, pero luego en el Huerto de los Olivos nos ha concebido en Sí en cuanto hijos que redimir; y esa es la obra de la Redención: reincorporar en El a todos los hijos de Dios que estaban dispersos. Pero ahora ha llegado el tiempo en que estos hijos de Dios, unidos a Cristo como miembros de su Cuerpo, deben ser conscientes y tomar parte en todo lo que El ha hecho. En cada página de su Vida quiere nuestra firma unida a la Suya, nuestro amor junto con el Suyo, con la misma dimensión divina y universal.
Eso es el “fundirse en la Divina Voluntad”, la perfecta Comunión recíproca, como es la de Jesús y el Padre: “Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío” (Jn 17,10), “Yo soy tuyo y Tú eres mío”.


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“Pro manuscripto privato”
P. Pablo Martín Sanguiao
Civitavecchia, Italia
7 de Mayo 2013
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La luz y el pecado original Sesión 19

  La luz y el pecado original Sesión 19   ▸ Otros pueden llevar luz. Hechos 26:18. 18 Te mando a ellos para que les abras los ojos y ...