ORACIONES INICIALES

miércoles, 24 de octubre de 2018

1. LAS PRIMERAS PREGUNTAS SOBRE EL DON DE DIOS

¿QUÉ SOMOS NOSOTROS?
“¡Qué gran amor nos ha tenido el Padre para que seamos llamados hijos de Dios, y lo seamos realmente! La razón por la que el mundo no nos conoce es porque no lo ha conocido a Él. Amadísimos, nosotros desde ahora somos hijos de Dios, pero lo que seremos aún no ha sido revelado. Lo que sabemos es que cuando El se manifieste seremos semejantes a El, porque Lo veremos como El es” (1ª Jn 3,1-3).

¿QUÉ ES LO QUE ANUNCIABA SAN JUAN DICIENDO ESO?
Que todavía tenía que ser revelada la Divina Voluntad en cuanto vida interior de Jesús, o sea, el “vivir en la Divina Voluntad”, para que sea nuestra vida, siguiendo el ejemplo y la doctrina espiritual de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, mediante la cual en este tiempo histórico ha querido manifestarla.

ENTONCES, ¿QUÉ ES “VIVIR EN LA DIVINA VOLUNTAD”?
Es tener como vida propia la misma Voluntad de Dios, como se conoce mediante los Escritos de Luisa Piccarreta. Esa fue la vida interior de Nuestro Señor Jesucristo y de María Stma., Madre suya y nuestra.

¿QUIÉN ES LUISA PICCARRETA?
La Sierva de Dios Luisa Piccarreta, “la Pequeña Hija de la Divina Voluntad”, es la criatura que el Señor ha escogido para dar comienzo en ella al cumplimiento de su ideal, de su Decreto eterno, y para hacer que se conozca en la Iglesia y en el mundo entero: que su Querer Divino sea en el hombre lo que es en Dios: su Vida, su Felicidad, la Fuente de la que brotan todas sus obras.

Luisa nació en Corato (Bari, Italia) el 23 de Abril de 1865; allí vivió siempre y allí murió el 4 de Marzo de 1947. La gente la recuerda todavía como “Luisa la Santa”. Su Causa de beatificación fue abierta en 1994. Muchos son sus testigos (entre ellos muchos sacerdotes y obispos, un cardenal e incluso un santo canonizado, San Anibal Maria Di Francia, que la trató durante 17 años, siendo el censor eclesiástico de sus escritos). Siempre estuvo sometida a la autoridad de sus Confesores, santos sacerdotes encargados por la Iglesia. Pero el principal testigo de Luisa es ella misma, en sus escritos, en los que cuenta su vida y su misión.

¿QUÉ HA ESCRITO LUISA? ¿CUALES SON SUS ESCRITOS?
Luisa no era una persona instruida, había ido a la escuela sólo uno o tal vez dos años; pero por obediencia a sus Confesores tuvo que escribir todo lo que ella vivía de un modo extraordinario. Así escribió 36 gruesos cuadernos o Volúmenes en forma de diario, que Jesús ha escrito —dice El— “con su dedo de luz en el fondo de su alma”, y luego Luisa ha escrito en el papel.

Esos escritos maravillosos han sido titulados por su Autor, que es el Señor: “El Reino de mi Divina Voluntad en la criatura —Libro de CieloEl llamado a la criatura al orden, a su puesto y a la finalidad para la que fue creada por Dios”.

San Anibal fue nombrado Censor de los escritos de Luisa, examinó esos Volúmenes (él conoció los primeros 19) y les dió el “Nihil Obstat”; entonces el Arzobispo les dió su “Imprimatur”.

Luisa escribió también “Las Horas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”, la “Piadosa Peregrinación del alma en la Divina Voluntad” y “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad”.

Además escribió un cuaderno de “Memorias de su infancia”, para completar el primer Volumen; ha escrito muchas oraciones y novenas, así como muchas cartas.

EN POCAS PALABRAS, ¿CUÁL ES EL MENSAJE DE LUISA?
Luisa puede decir las palabras del Señor: «Mi doctrina no es mía, sino de Aquel que me ha enviado. El que quiera hacer Su Voluntad, reconocerá si esta doctrina viene de Dios, o si Yo hablo por mi cuenta» (Jn 7,16-17). Y también estas otras que Jesús dijo a la samaritana: «Si tú conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: "Dame de beber", tú misma le habrías pedido y El te hubiera dado agua viva». (Juan 4,10).

¿Y cuál es el don de Dios? No es un don cualquiera, no es ni siquiera una cosa espiritual, sino su misma Voluntad Divina omnipotente, eterna, santísima. Cumplir los Mandamientos, hacer lo que Dios quiere, aceptar resignados y con paz lo que Dios permite o dispone, todo eso es necesario para salvarnos, pero es demasiado poco para su Amor.

Un canto popular dice: “Dios se hizo como nosotros – para hacernos como El”. Dios quiere que seamos como El, a Su semejanza. Dios quiere que vivamos con El en perfecta comunión de vida, que podamos decir las mismas palabras de Jesús al Padre: «Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío» (Jn 17,10). Dios quiere que amemos, que Lo amemos con su mismo Amor, para que no sea desproporcionada e injusta nuestra correspondencia de amor.

Por eso, sabiendo Dios que nuestro “corazón” (nuestra voluntad) por sí solo no es capaz de amar de un modo divino, digno de Dios, ahora nos ofrece el don de su mismo “Corazón”, de su adorable Voluntad, el “Corazón” de las Tres Divinas Personas, para que vivamos con Ellos su Vida, tomemos parte en sus obras, amemos como Ellos aman.

Ahora el Señor te está diciendo: “Es demasiado poco que tú seas mi siervo, te quiero hacer luz de las naciones” (Isaías, 49,6)

Ahora el Señor te está diciendo: “Hijo mío, dame tu corazón, porque Yo quiero darte el Mío”.

Ahora el Señor te está diciendo: “Quiero darte mi Voluntad, para que sea en tí lo que es en Mí”.

Ahora el Señor te está diciendo: “No podría darte nada más grande que mi Voluntad, que es mi Todo, la esencia misma de mi Ser Divino, la Fuente de todos mis Atributos, de mi Amor, de mi Vida, de mis obras, de todo bien y felicidad”.

Ahora el Señor te está diciendo: “Si tú me das tu voluntad, Yo te doy la Mía; para eso he creado la tuya, para que tú tuvieras una pequeña voluntad que poder ofrecerme, para poder dármela a cambio de la Mía”.

Ahora el Señor te está diciendo: “Si te he hecho saber este deseo mío, mi deseo más grande, no es para darte sólo una noticia, sino para hacerte un regalo, el Don de los dones. Si te lo he manifestado es para dártelo”.

Ahora el Señor te está diciendo: “Si tú me dices que sí, Yo te tomo en serio. Tu pequeña voluntad humana es para Mí preciosa, deseo unirla con la Mía, identificarla tanto con la Mía, que no se pueda distinguir una de la otra”.

Ahora el Señor te está diciendo: “Si tú ya no vuelves a dar vida a tu voluntad por tu cuenta, sino que en lugar de la tuya llamas siempre a la Mía, llegará el momento en que sentirás solamente la vida de mi Voluntad y así obrarás de un modo divino, como Dios, como ese verdadero hijo de Dios que eres. Tendrás a tu disposición mi Omnipotencia, mi Sabiduría, mi eterno Amor. Entonces miraré a mi Hijo Jesucristo y te veré a tí, te miraré a tí y veré a Jesús, y así como mirando desde la eternidad su adorable Humanidad te he visto a tí y a todas las criaturas (y en primer lugar he visto en El a su Madre Santísima), así mirandote a tí podré ver en tí todo y a todos e incluso a Mí mismo”.

“Si tú me lo permites –le dice varias veces Jesús a Luisa–, Yo quiero ser en tí Actor y Expectador al mismo tiempo”.

Eso es lo que el Papa Benedicto XVI ha dicho en su primera encíclica “Deus Caritas est” (n. 17): “El sí de nuestra voluntad a la Voluntad de Dios une inteligencia, voluntad y sentimiento en el acto total del amor. (…) Querer la misma cosa y rechazar la misma cosa, es lo que los antiguos han reconocido como auténtico contenido del amor: es el hacerse uno semejante al otro, es lo que lleva a la comunión del querer y del pensar. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comunión de voluntad crece en comunión de pensamiento y de sentimiento, y así, nuestro querer y la Voluntad de Dios coinciden cada vez más: la Voluntad de Dios ya no es para mí una voluntad extraña, que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi misma voluntad, según la experiencia que, de hecho, Dios es para mí más íntimo que yo mismo. Entonces crece el abandono en Dios y Dios se vuelve nuestra alegría”.

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