ORACIONES INICIALES

jueves, 24 de junio de 2021

VOLUMEN 33-3 Diciembre 10, 1933

 La primera palabra que pronunció Adán.  Cuál fue la primera lección que Dios le dio.  La Divina Voluntad operante en el hombre.


(1) Soy siempre la pequeña ignorante del Ser Supremo, y cuando el Querer Divino me sumerge en sus mares, veo que apenas las vocales, si acaso, conozco de su Majestad adorable, es tanta mi pequeñez que apenas algunas gotas sé tomar de tanto que posee el Creador.  Entonces girando en las obras del Fiat Divino me he detenido en el Edén, donde se me ha hecho presente la creación del hombre y pensaba para mí:  “Cuál pudo ser la primera palabra que Adán dijo cuando fue creado por Dios”.  Y mi Sumo Bien Jesús, visitándome con su breve visita, todo bondad, como si Él mismo quisiera decírmelo me ha dicho:


(2) “Hija mía, también Yo siento el deseo de decirte cuál fue la primera palabra pronunciada por los labios de la primera criatura creada por Nosotros.  Tú debes saber que apenas Adán sintió la vida, el movimiento, la razón, vio a su Dios ante él, comprendió que Él lo había formado, sentía en sí, en todo su ser todavía frescas las impresiones, el toque de sus manos creadoras, y agradecido, en un ímpetu de amor pronunció su primera palabra:  ‘Te amo Dios mío, Padre mío, autor de mi vida’.  Pero no fue sólo la palabra, sino que el respiro, el latido, las gotas de su sangre que corrían por sus venas, el movimiento, todo su ser unido, a coro dijeron:  ‘Te amo, te amo, te amo’.  Así que la primera lección que aprendió de su Creador, la primera palabra que aprendió a decir, el primer pensamiento que tuvo vida en su mente, el primer latido que formó en su corazón, fue:  ‘Te amo, te amo’.  Se sentía amado y amó.  Podría decir que su te amo no terminaba jamás, fue tan prolongado que sólo fue interrumpido cuando tuvo la desgracia de caer en pecado.  Por eso nuestra Divinidad se sintió herida al oír sobre los labios del hombre, te amo, te amo, era la misma palabra que Nosotros habíamos creado en el órgano de su voz que nos decía:  ‘Te amo’.  Era nuestro amor, creado por Nosotros en la criatura que nos decía te amo, ¿cómo no quedar herido, cómo no corresponderlo con un amor más abundante, mas fuerte, digno de nuestra magnificencia?  En cuanto lo oímos decir te amo, así Nosotros le repetimos ‘te amo’, pero en nuestro ‘te amo’ hicimos correr en todo su ser la Vida obrante de nuestra Divina Voluntad, así que encerramos en el hombre, como dentro de nuestro templo, nuestra Voluntad, para que encerrada en el círculo humano, mientras permanecía en Nosotros, obrara cosas grandes y fuera Ella el pensamiento, la palabra, el latido, el paso, la obra del hombre; nuestro ‘te amo’ no podía dar cosa más santa, más bella, más potente, que pudiera formar la Vida del Creador en la criatura, que nuestra Voluntad obrante en él, y ¡oh! cómo nos resultaba agradable ver que nuestra Voluntad tenía su puesto de actriz, y el querer humano deslumbrado por su luz gozaba su paraíso, y dándole plena libertad lo hacía hacer lo que quería, dándole el primado en todo, y el puesto de honor que a un Querer tan Santo convenía.  Ve entonces cómo el principio de la vida de Adán fue un acto pleno de amor hacia Dios de todo su ser, qué lecciones sublimes, cómo el principio del amor debía correr en todo lo obrado por la criatura.  La primera lección que recibió de nuestro Ser Supremo en la correspondencia de su ‘te amo’, fue que mientras la amaba tiernamente respondiéndole ‘te amo’, le daba la primera lección sobre nuestra Divina Voluntad, y mientras lo instruía le comunicaba la Vida de Ella y la ciencia infusa de qué significaba nuestro Fiat Divino, y cada vez que nos decía ‘te amo’, nuestro amor le preparaba otras lecciones más bellas sobre nuestro Querer; él quedaba raptado y Nosotros nos deleitábamos en conversar con él, y hacíamos correr sobre él ríos de amor y de alegrías continuas, así que la vida humana era encerrada por Nosotros en el amor y en nuestra Voluntad.  Por eso hija mía, no hay dolor más grande para Nosotros que ver nuestro amor como destrozado en la criatura y nuestra Voluntad obstaculizada, sofocada, sin su Vida obrante y como sometida al humano querer.  Por eso sé atenta y en todas las cosas ten por principio el amor y mi Divina Voluntad”.

VOLUMEN 33, CAPITULO 48, OCTUBRE, 7, 1935




Quien no vive de Voluntad de Dios forma su purgatorio viviente sobre la tierra. El amor divino. Una tempestad impetuosa, escenas desgarradoras.


 (1) Mi pobre mente siente la necesidad de verterse en el Querer Divino como a su centro, en el cual arrojándose siente el respiro, el latido, el amor, la Vida Divina como suya. ¿Quién puede decir que puede vivir sin respiro, sin latido? Ninguno, así 

la pobre alma se formaría el purgatorio más desgarrador sin el Fiat, 

y mi voluntad humana me arrojaría en el abismo de todos los males. 

Pero mientras esto pensaba, mi amado Jesús sorprendiéndome, todo ternura me ha dicho: (2) “Hija bendita de mi Querer, cómo me siento feliz porque 

has entendido que no puedes vivir sin mi Fiat; para quien no vive en Él, no sólo se forma ella su purgatorio viviente, sino que impide todos mis bienes preparados para ella,

me los encierra en mi corazón, y haciéndome sufrir,

 forma el purgatorio a mi amor

me suprime mis llamas

sin el alivio de poder comunicar mi respiro,

 mi Vida, por eso siento mi respiro sofocado,

 mi Vida impedida sin el bien de poderme comunicar con la criatura. 

 Ahora tú debes saber que no hay cosa hecha por Mí en la cual no esté

mi objetivo primario de hacerla vivir de mi Voluntad. 

 La Creación sirve propiamente para esto, para hacer vivir a la criatura de mi Voluntad, y no

 viviendo sofoca esta mi Vida en las cosas creadas, y 

mi venida sobre la tierra era la Vida de Ella que vine a darles.

Tú debes saber que 

en cuanto el alma se decide a querer vivir en mi Querer, mi Santísima Humanidad toma puesto en ella, 
mi sangre como lluvia tupida llueve sobre ella, 

mis penas como muro inexpugnable la circundan, la fortalecen, la embellecen en modo admirable, 

de raptar a esta mi Voluntad Divina a vivir en ella,

 mi misma muerte forma la resurrección continua del alma, resurrección de vivir en Ella. 

Así que 

la criatura se siente regenerada continuamente en mi sangre, en mis penas, en mi amor, hasta en mi respiro, en el cual encuentra gracia suficiente para vivir de mi Voluntad Divina,

 porque Yo pongo todo a su disposición, 
como estuvo mi Santísima Humanidad a disposición de mi Querer Divino, 
así la pongo dentro y fuera de la criatura, para dar vida a mi Voluntad en ella. 

 Ahora, hasta en tanto que no se decida a vivir en Ella, 

mi sangre no le llueve, porque no tiene qué regenerar en Divino

mis penas no forman el muro de defensa, porque el querer humano forma el derrumbe continuo a mis obras,

y vuelve como impotente a mi muerte, para que resurgiera del todo en mi Querer. 

Ahora, 

mi Vida, mis penas, mi sangre, si el alma no vive de Ella, 

están a la puerta del querer humano esperando con paciencia invencible para entrar, asaltarla por todas partes para darle la gracia de vivir de mi Querer,

 y no entrando todo queda sofocado en Mí, mi sangre, mis penas, mi Vida, 

y ¡oh! cómo sufro al ver que no me da la libertad de darle el bien que quiero,

 mi amor me tortura, mis penas, mis llagas, mi sangre, mis obras, como tantas voces piadosas me dicen continuamente: 
‘Esta criatura nos obstaculiza, nos hace inútiles y como sin vida para ella, porque no quiere vivir de Voluntad Divina’. 

Hija mía,cómo es doloroso querer hacer el bien, poderlo hacer y no hacerlo”.

(3) Después de esto, continuaba mi abandono en el Querer Divino, el cual me ha transportado fuera de mí misma, y ¡oh! cómo era espantoso ver la tierra, yo habría querido retirarme en mí misma para no ver nada, pero mi dulce Jesús, como si quisiera que viera escenas tan desgarradoras, me ha detenido y me ha dicho: (4) “Hija mía, cómo es doloroso ver tanta perfidia humana, una nación que engaña a otra y arrastran mutuamente a los pobres pueblos en el tormento y en el fuego, pobres hijos míos. Tú debes saber que la tempestad será tan fuerte, que sucederá como cuando un viento impetuoso transporta con su fuerza, piedras, tierra, árboles, de modo que queda despejada de todo, tanto que con más facilidad se pueden poner nuevas plantas. Así esta tempestad servirá para purificar los pueblos y hacer surgir el día sereno de la paz y de la unión fraterna. 

Tú ruega para que todo sirva para mi gloria, para el triunfo de mi Voluntad y para el bien de todos”.

viernes, 13 de noviembre de 2020

CARTA 124 DE LUISA

 Te recomiendo no apartarte jamás de la Divina Voluntad. Vive siempre en sus brazos maternos, como una niña en los brazos de su madre. Tus sufrimientos ponlos en sus manos maternas, para que se sirva de ellos para haceros santa y para hacer bien a todas las criaturas. ¡Cómo te sentirás feliz, pensando que tus penas sirven para salvar a las almas, para consolar a Jesús, para besar sus llagas, para decirle que Lo amas! En cada pena que sufres, dile a Jesús que le llevas su Amor. Ámalo siempre, y Jesús quedará herido por tu amor y te amará más… Cada pena que sufres… piensa que es un “TE AMO”, un beso, un afecto, un abrazo que te manda Jesús; así sentirás la fuerza en el sufrir, la alegría que llevan las penas sufridas por Jesús. La Divina Voluntad sea tu habitación, tu alimento, tu vida. La palabra continua sobre tus labios sea: “¡Quiero hacer y vivir en tu Voluntad!” Así te sentirás fortalecida y endulzar las penas que sufres.

Carta 124  S. D. Luisa Piccarreta

martes, 13 de octubre de 2020

VOLUMEN11, CAP 5.6.7

  

11-5

Febrero 18, 1912

 


Cómo quien vive de la vida de Jesús, puede decir que su vida ha terminado.


 


(1) Encontrándome en mi habitual estado, mi siempre y todo amable Jesús ha venido y me ha dicho:


(2) “Hija mía, todo lo que haces por Mí, aún un respiro, entra en Mí como prenda de tu amor por Mí, y Yo en correspondencia te doy mis prendas de amor, así que el alma puede decir: “Yo vivo de las prendas que me da mi amado Jesús”.


(3) Después ha agregado:


(4) “Hija amada mía, viviendo tú de mi Vida, se puede decir que tu vida ha terminado, que no vives más, así que no viviendo más tú, sino Yo en ti, todo lo que te hacen, agradable o desagradable, Yo lo recibo como hecho propiamente a Mí; y esto lo puedes comprender porque ante eso que te hacen, agradable o desagradable, tú no sientes nada, esto significa que debe ser otro quien siente ese gusto o ese disgusto, ¿y quién otro lo puede sentir sino Yo que vivo en ti y que te amo tanto, tanto?”


 

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11-6

Febrero 24, 1912

 


El alma que hace la Divina Voluntad pierde su


temperamento, y adquiere el temperamento


de Jesús. Sonrisa de Jesús.


 


(1) Habiendo visto varias almas alrededor de Jesús, especialmente una muy sensible, Jesús me ha dicho:


(2) “Hija mía, las almas de temperamento sensible, si se ponen al bien, hacen más progreso que las otras, porque su sensibilidad las lleva a empresas grandes y arduas”.


(3) Yo le he rogado que le quitara ese resto de sensibilidad humana que le quedaba, que la estrechara más a Él, que le dijera que la amaba, pues al oírse decir que la amaba la conquistaría del todo; verás que lo lograrás, ¿no me has vencido a mí así, diciéndome que me amabas tanto, tanto?


(4) Y Jesús: “Sí, sí, lo haré, pero necesito su cooperación, necesito que huya cuanto más pueda de las personas que le excitan la sensibilidad”.


(5) Entonces yo he agregado: “Amor mío, dime, y mi temperamento, ¿cuál es?”


(6) Y Jesús: “Quien vive en mi Voluntad pierde su temperamento y adquiere el mío. Así que en el alma que hace mi Voluntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, me asemeja en todo. Más bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se necesita, pues como vive en mi Voluntad toma parte en mi Potencia, por lo tanto tiene las cosas y a sí misma a su disposición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma mi temperamento y lo desarrolla”.


(7) Y yo: “Dime, ¿me das un primer puesto en tu Querer?”


(8) Jesús sonriendo: “Sí, sí, te lo prometo, de mi Voluntad no te haré salir jamás, y tomarás y harás lo que quieras”.


(9) Y yo: “Jesús, quiero ser pobre, pobre y pequeña, pequeña; de tus mismas cosas no quiero nada, mejor que las tengas Tú mismo, yo sólo te quiero a Ti, y conforme necesite las cosas Tú me las darás, ¿no es verdad, ¡oh! Jesús?”


(10) Y Jesús: “Bravo, bravo a mi hija, finalmente he encontrado una que no quiere nada; todos quieren alguna cosa de Mí, pero no el Todo, esto es, a Mí mismo; en cambio tú, con no querer nada has querido todo, y aquí está toda la fineza y la astucia del verdadero amor”.


(11) Yo he sonreído y Jesús ha desaparecido.


 

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11-7

Febrero 26, 1912

 


El mendigo de amor. La criatura está hecha sólo de amor.


 


(1) Regresando mi todo y siempre amable Jesús, me ha dicho:


(2) “Hija mía, Yo soy Amor, e hice a las criaturas todo amor: los nervios, los huesos, las carnes, son tejidos de amor; y después de haberlas tejido de amor hice correr en todas sus partículas, como cubriéndolas con un vestido, la sangre, para darles vida de amor, así que la criatura no es otra cosa que un complejo de amor, y no se mueve por ninguna otra cosa sino sólo por amor; a lo más puede haber diversidad de amores, pero siempre por amor se mueve, puede haber amor divino, amor de sí misma, amor de criaturas, amor perverso, pero siempre amor, no pude hacer de otra manera porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno, por lo tanto, llevada por una fuerza irresistible al amor, así que la criatura, aún en el mal, en el pecado, en el fondo debe tener un amor que la empuja a hacer ese mal. ¡Ah, hija mía! ¿Cuál no será mi dolor al ver en las criaturas la propiedad de mi Amor que he puesto en ellas, profanado, contaminado en otro uso? Yo, para custodiar este amor salido de Mí y dado a las criaturas, me estoy en torno a ellas como un pobre mendigo, y conforme la criatura se mueve, late, respira, obra, habla, camina, le voy mendigando todo, y le pido, le suplico y le ruego que me dé todo a Mí diciéndole: “Hija, no te pido sino lo que te he dado, es por tu bien, no me robes lo que es mío: El respiro es mío, respira sólo para Mí; el latido, el movimiento son míos, late y muévete sólo por Mí, y así de todo lo demás”. Pero con sumo dolor soy obligado a ver que el latido toma un camino, el respiro otro camino, y Yo, el pobre mendigo, me quedo en ayunas, mientras que el amor de sí misma, de las criaturas, de las mismas pasiones, quedan saciados; ¿puede haber injusticia mayor que ésta? Hija mía, quiero desahogar contigo mi Amor y mi dolor, pues sólo quien me ama me puede compadecer”.

lunes, 21 de septiembre de 2020

1 Febrero 14, 1912 » En la Divina Voluntad todas las cosas tienen el mismo valor.

 (1) Febrero 14, 1912 » En la Divina Voluntad todas las cosas tienen el mismo valor.

Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús ha venido y le he dicho: "Dime, oh Jesús, ¿cómo es que después de que has dispuesto al alma a sufrir, y de que ella conociendo el bien que hay en el sufrir, ama el sufrir y sufre casi con pasión, y cuando cree que su patrimonio es el sufrir, viviendo ella lo más bello, Tú le quitas este tesoro?" Y Jesús:


"Hija mía, mi Amor es grande, mi régimen es insuperable, mis enseñanzas son sublimes, mis instrucciones son divinas, creadoras e inimitables; entonces, para hacer que todas las cosas, sean grandes o pequeñas, sufrir o gozar, naturales o espirituales, adquieran un solo color y tengan un solo valor, permito que cuando el alma se ha adiestrado a sufrir y llega a amarlo, Yo le hago pasar el sufrir como propiedad en la voluntad, así que cada vez que Yo le mande el sufrir, teniendo la propiedad, las disposiciones en la voluntad, se encontrará siempre dispuesta a sufrir y a amar el sufrimiento. Así que Yo miro las cosas en la voluntad, y entonces es para el alma como si siempre sufriera a pesar de que no sufra; y a fin de que el gozar tenga el mismo valor que el sufrir, y el rezar, el obrar, el comer, el dormir, en suma, todo, porque el todo está en si las cosas son de mi Voluntad, para hacer que cualesquiera que sean las cosas tengan un solo valor, permito que el alma se adiestre a todas las cosas en mi Voluntad con santa indiferencia. Así que para el alma parece que mientras Yo le doy una cosa, luego se la quito, pero no es verdad, más bien es que en un principio, cuando el alma no está bien adiestrada, siente la sensibilidad en el sufrir, en el rezar, en el amar, pero cuando con el adiestrarse pasan como propiedad en la voluntad, cesa la sensibilidad, pero al llegarle la ocasión de tener necesidad de servirse de estas propiedades divinas que le he hecho adquirir, con paso firme y con ánimo imperturbable se pone a ejercitarse en la ocasión que se presenta, como por ejemplo: 

¿Se presenta el sufrir? 

Entonces encuentra en ella la fuerza, la vida del sufrir; 

¿debe rezar? 

Encuentra en ella la vida de la oración, y así de todo lo demás."

ANIMO IMPERTURBABLE ES LA GRACIA QUE DIOS NOS DA EN EL ADIESTRAMIENTO

Según lo que dice Jesús a mí me parece así: Supongamos que yo haya recibido un don; mientras no me decida dónde debo guardar y conservar ese don, lo miro, lo aprecio y siento una cierta sensibilidad en amar aquel don; pero si lo conservo bajo llave, no viéndolo más la sensibilidad cesa, pero no por esto puedo decir que el don ya no es mío, no, al contrario, ciertamente es más mío porque lo tengo bajo llave y ya no está en peligro de que me lo roben como antes de guardarlo. Y Jesús ha continuado:

EL ALMA NO LO SIENTE, LA RESERVA HACE JESUS, NO EL ALMA

"En mi Voluntad todas las cosas se dan la mano entre ellas, todas se asemejan, todas están en sumo acuerdo, así que 

el sufrir da su lugar al gozar y dice: "He hecho mi parte en la Voluntad de Dios, haz ahora la tuya, y cuando Jesús lo quiera me pondré de nuevo a obrar."

 El fervor dice a la frialdad: "Tú serás más ardiente que yo si te contentas con estar en la Voluntad de mi eterno Amor."

 Y así la oración al trabajo, el sueño a la vigilia, 

la enfermedad a la salud, 

todas, todas las cosas entre ellas, una cede su puesto a la otra para estar en acto, pero todas tienen su puesto distinto. 

ALMA DEBE PERMANECER SERENA, TRANQUILA

Además, quien vive en mi Voluntad no necesita hacer camino para ponerse en actitud de hacer lo que Yo quiero, sino que como cable eléctrico se encuentra ya en Mí haciendo lo que Yo quiero."

LA VOLUNTAD DE DIOS SE DA A CADA INSTANTE

SERIA INDIFIRENTE, PERO EN DONDE LO VOY A EJERCITAR, ---YA NO SOY YO QUIEN DECIDE QUE HACER, TODO ES CUANDO JESUS LO QUIERA ME PONDRE OTRA VEZ EN ACTO, SIEMPRE EN CONSONANCIA CON LA VOLUNTAD DE DIOS

NO SE NECESITA HACER OBRAS GRANDES VIVE EN LA DV PARA CUMPLIR TU FINALIDAD

BARRER, DAR CONFERENCIA

ACTOS DE LA VIRGEN, DIO VIDA A LA DV EN SU MAS MINIMO ACTO, NO CONOCEMOS GRANDES OBRAS DE LA VIRGEN

NO ES QUE HACER

SINO SER

ES DECIR UNO SOLO CON DIOS

VIVIR DE LA VIDA DE JESUS Y DARLE LA NUESTRA PARA HACER LO EL QUIERA HACER

entregar a jesus tu humanidad, tu humanidad es un vlo que cubre a jesus

TU VIDA HA TERMINADO, YO VIVO EN TI

LO QUE TE HACEN ME HACEN A MI

OFENDEN A JESUS QUE AHORA VIVE EN MI

LO QUE ESTOY SINTIENDO NO ES LO QUE ME ESTAN HACIENDO SINO A JESUS

NO VENGANZA, ENOJO

SINO REPARAR, PARTICIPACION DE LOS SUFRIMIENTOS DE LA VIDA DE JESUS

LOS SUFRIMIENTOS Q EL PROJIMO ME  DEBO TOMAR COMO UN TESORO QUE DEBO AQUILATAR COMO PARTICIPACION EN LA VIDA DE JESUS Y LA OPORTUNIDAD DE GANARME UNA MONEDA  DE ALIVIO PARA EL DE ESTAR REPARANDOLO


EL TEMPERAMENTO ES COSA DE NUESTRA NATURALEZA Y NUNCA LO PODREMOS CAMBIAR, SIEMPRE ESTARA ESA ACTITUD, PODEMOS CUBRIRLO, DARLE UNA MANITA DE GATO, Y ESO ES EL CARACTER ---MI VOLUNTAD ADQUIERE EL TEMPERAMENTO DE JESUS

OFRECIMIENTO DEL ALMA VICTIMA

Continuando mi habitual estado

QUIEN VIVE EN MI VOLUNTAD  ADQUIERE MI TEMPERAMENTO








martes, 8 de septiembre de 2020

VOLUMEN 11 : 1- 2

Viva Jesús, viva María.

11-1

El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado.


(1) ¡Oh Jesús mío! Prisionero celestial, ya el sol está en el ocaso y las tinieblas invaden la tierra, y Tú quedas solo en el tabernáculo de amor. Me parece verte triste por la soledad de la noche, no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus tiernas esposas, que al menos te hagan compañía en tu voluntario cautiverio.

prisionero celestial
l
a soledad de Jesus
oscuridad

(2) Oh mi prisionero divino, también yo siento que el corazón se me oprime por tener que alejarme de Ti, y me veo forzada a decirte adiós, pero qué digo, ¡oh Jesús!, nunca jamás adiós, no tengo ánimo de dejarte solo, adiós te digo con los labios pero no con el corazón, más bien mi corazón lo dejo junto Contigo en el sagrario, contaré tus latidos y te corresponderé, por cada uno, con un latido de amor; numeraré tus afanosos suspiros, y para darte consuelo te haré descansar en mis brazos; seré tu vigilante centinela, estaré atenta para ver si alguna cosa te aflige o te da dolor, no sólo para no dejarte nunca solo, sino para tomar parte en todas tus penas.

adios
correspondencia


(3) ¡Oh, corazón de mi corazón! ¡Oh amor de mi amor! Deja ese aire de tristeza y consuélate, no resisto verte afligido. Mientras con los labios te digo adiós, te dejo mis respiros, mis afectos, mis pensamientos, mis deseos y todos mis movimientos, que enlazando entre ellos continuos actos de amor, unidos a los tuyos te formarán una corona, te amarán por todos. ¿No estás contento, ¡oh! Jesús. Parece que me dices que sí, ¿no es verdad?

(4) Adiós, ¡oh! amante prisionero, pero aún no he terminado, antes de irme quiero dejar también mi cuerpo ante Ti, intento hacer de mi carne, de mis huesos, tantos diminutos pedazos para formar tantas lámparas por cuantos sagrarios existen en el mundo, y de mi sangre hacer tantas llamitas para encender estas lámparas, y en cada sagrario quiero poner mi lámpara, que uniéndose a la lámpara del sagrario que te ilumina la noche, te dirá: 

“Te amo, te adoro, te bendigo, te ofrezco reparación y te doy las gracias por mí y por todos”.

(5) Adiós, ¡oh! Jesús, pero escucha una última cosa: “Hagamos un pacto, y el pacto sea que nos amemos más; Tú me darás más amor, me encerrarás en tu amor, me harás vivir de amor y me sepultarás en tu amor; estrechemos más fuertemente el vínculo del amor”. Sólo estaré contenta si me das tu amor para poder amarte de verdad.

amar con el amor de Jesus

(6) Adiós ¡oh! Jesús, bendíceme, bendice a todos, estréchame a tu corazón, aprisióname en tu amor, y dándote un beso en el corazón te dejo, adiós, adiós.


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11-2


Los buenos días a Jesús.


(1) ¡Oh Jesús mío! Dulce prisionero de amor, heme aquí Contigo de nuevo, te dejé con decirte “adiós”, y ahora vuelvo a Ti diciéndote: “Buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta prisión de amor para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis respiros encendidos, mis deseos ardientes, y toda yo misma para infundirme toda en Ti y dejarme toda en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante hacia Ti.

(2) ¡Oh, mi siempre adorable amor Sacramentado!, ¿Sabes? Mientras he venido para entregarme toda yo misma a Ti, he venido también para recibir de Ti todo Tú mismo, yo no puedo estar sin una vida para vivir, y por eso quiero la tuya, pues a quien todo da todo se le da, ¿no es cierto, ¡oh! Jesús? Así pues, hoy amaré con tu latido de amante apasionado, respiraré con tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con tus deseos inconmensurables tu gloria y el bien de las almas; en tu latido divino correrán todos los latidos de las criaturas, las tomaremos todas, las salvaremos, no dejaremos que escape ninguna, aun a costa de cualquier sacrificio, aunque tenga que sufrir yo todas sus penas. Si Tú me echases de tu presencia, me arrojaré aún más adentro, gritaré más fuerte para implorar junto Contigo la salvación de tus hijos y hermanos míos.

(3) ¡Oh mi Jesús! Mi vida y mi todo, cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio tuyo, pero el emblema con el cual te veo todo marcado es el emblema de las almas, y las cadenas que tan fuerte te atan son el amor. Las palabras almas y amor parece que te hacen sonreír, te debilitan y te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos tus excesos amorosos, estaré siempre en torno a Ti, y junto Contigo, con mi estribillo de siempre: “Almas y amor”. Por eso en este día te quiero a Ti, siempre junto conmigo, en la oración, en el trabajo, en los gustos y en los disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo, y estoy segura que no pudiendo obtener nada por mí misma, Contigo obtendré todo, y todo lo que haremos servirá para aliviarte cada dolor, endulzarte cada amargura, repararte cualquier ofensa, compensarte por todo y conseguir cualquier conversión, aunque fuese difícil y desesperada. Iremos mendigando a todos los corazones un poco de amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, ¡oh! Jesús?

inseparabilidad
el alma piensa en aliviar a Jesus


(4) ¡Oh amado prisionero de amor, átame con tus cadenas, séllame con tu amor! ¡Ah!, muéstrame tu bello rostro. ¡Oh Jesús, qué hermoso eres!, Tus cabellos rubios atan y santifican todos mis pensamientos; tu frente calmada y serena en medio de tantas afrentas, me da la paz y me deja en la más perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, en medio de tus mismas privaciones, y de tus caprichos que me cuestan la vida. ¡Ah! Tú lo sabes, pero sigo adelante, esto te lo dice el corazón que te lo sabe decir mejor que yo. ¡Oh amor! tus bellos ojos azules, refulgentes de luz divina me raptan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ¡ay de mí! con sumo dolor mío se prolonga mi destierro todavía. Pronto, pronto, ¡oh Jesús! Sí, eres bello oh Jesús, me parece verte en ese tabernáculo de amor, la belleza y majestad de tu rostro me enamora y me hace vivir en el Cielo; allá, tu boca graciosa me da sus besos en cada momento; tu voz suave me llama e invita a amarte en cada momento, tus rodillas me sostienen, tus brazos me estrechan con vínculo indisoluble, y yo mil y mil veces pondré mis besos ardientes sobre tu rostro adorable. Jesús, Jesús, sea uno nuestro querer, uno el amor, único nuestro contento, no me dejes nunca sola que soy nada, y la nada no puede estar sin el Todo, ¿me lo prometes, ¡oh! Jesús? Parece que me dices que sí. Y ahora bendíceme, bendice a todos, y en compañía de los ángeles, de los santos, y de la dulce Mamá y de todas las criaturas te digo: “Buenos días, ¡oh! Jesús, buenos días”.

experiencia de Luisa porque ella veia a Jesus

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(5) Ahora, después de haber escrito las oraciones anteriores bajo el influjo de Jesús, en la noche al venir Jesús me hacía ver que el adiós y el buenos días los tenía conservados en su corazón, y me ha dicho:

(6) “Hija mía, estas oraciones han salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la intención de estarse Conmigo, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo que hago Yo, y no sólo los enfervorizaré en mi Amor, sino que cada vez que lo haga aumentaré mi amor hacia el alma, admitiéndola a la unión de la vida divina y de mis mismos deseos de salvar a todas las almas”.

(7) Quisiera a Jesús en la mente, a Jesús en los labios, a Jesús en mi corazón, quisiera mirar sólo a Jesús, escuchar sólo a Jesús, estrecharme sólo con Jesús, quiero hacer todo junto con Jesús, amar con Jesús, sufrir con Jesús, jugar con Jesús, llorar con Jesús, escribir con Jesús, y sin Jesús no quiero ni siquiera respirar, me estaré como una bebita llorona sin hacer nada, a fin de que Jesús venga a hacer todo junto conmigo, contentándome con ser su juguete, abandonándome a su Amor, a sus castigos, a sus cruces y a sus amorosos caprichos siempre y cuando todo lo haga junto con Jesús. ¿Sabes ¡oh! mi Jesús? Esta es mi voluntad y no me cambiaré, ¿lo has oído? Así que ahora ven a escribir conmigo.


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sellame con tu amor poner la marca


VOLUMEN 13-34 NOVIEMBRE 19, 1921

13-34

Noviembre 19, 1921


Los dos apoyos

Para conocer las verdades es necesario que esté la voluntad y el deseo de conocerlas.  Las verdades deben ser simples.


(1) Estaba haciendo compañía a mi Jesús agonizante en el Huerto de Getsemaní, y por cuanto me era posible lo compadecía, lo estrechaba fuerte a mi corazón tratando de secarle el sudor mortal, y mi doliente Jesús, con voz apagada y agonizante me ha dicho:

(2) “Hija mía, dura y penosa fue mi agonía en el Huerto, quizá más penosa que la de la cruz, porque si ésta fue el cumplimiento y el triunfo sobre todos, aquí en el Huerto fue el principio, y los males se sienten más al principio que cuando están por terminar, en esta agonía la pena más desgarradora fue cuando se me hicieron presentes uno por uno todos los pecados, mi Humanidad comprendió toda la enormidad de ellos y cada delito llevaba el sello de “muerte a un Dios”, y estaba armado con espada para matarme.  Delante a la Divinidad la culpa me aparecía tan horrenda y más horrible que la misma muerte; sólo al comprender qué significa pecado, Yo me sentía morir y moría en realidad, grité al Padre y fue inexorable, no hubo uno solo que al menos me diera una ayuda para no hacerme morir, grité a todas las criaturas que tuvieran piedad de Mí, pero en vano, así que mi Humanidad languidecía y estaba por recibir el último golpe de la muerte, pero ¿sabes tú quién impidió la ejecución y sostuvo mi Humanidad para no morir?  Primero fue mi inseparable Mamá, Ella al oírme pedir ayuda voló a mi lado y me sostuvo, y Yo apoyé mi brazo derecho en Ella, la miré casi agonizante y encontré en Ella la inmensidad de mi Voluntad íntegra, sin haber habido nunca ruptura alguna entre mi Voluntad y la suya.  Mi Voluntad es Vida, y como la Voluntad del Padre era inamovible, y la muerte me venía de las criaturas, otra criatura que encerraba la Vida de mi Voluntad me daba la vida.  Y he aquí que mi Mamá, que en el portento de mi Voluntad me concibió y me hizo nacer en el tiempo, y ahora me da por segunda vez la vida para hacerme cumplir la obra de la Redención.  Después miré a la izquierda y encontré a la pequeña hija de mi Querer, te encontré a ti como primera, con el séquito de las otras hijas de mi Voluntad, y así como a mi Mamá la quise Conmigo como primer eslabón de la misericordia, con el cual debíamos abrir las puertas a todas las criaturas, por eso quise apoyar en Ella la derecha; a ti te quise como primer eslabón de la justicia, para impedir que se descargase sobre todas las criaturas como se merecen, por eso quise apoyar la izquierda, a fin de que la sostuvieras junto Conmigo.  Entonces, con estos dos apoyos Yo me sentí dar nuevamente la vida, y como si nada hubiera sufrido, con paso firme fui al encuentro de mis enemigos, y en todas las penas que sufrí en mi Pasión, muchas de ellas capaces de darme la muerte, estos dos apoyos no me dejaban jamás, y cuando me veían a punto de morir, con mi Voluntad que contenían me sostenían y me daban como tantos sorbos de vida.  ¡Oh! los prodigios de mi Querer, ¿quién puede jamás numerarlos y calcular su valor?  Por eso amo tanto a quien vive de mi Querer, reconozco en ella mi retrato, mis nobles rasgos, siento en ella mi mismo aliento, mi voz, y si no la amase me defraudaría a Mí mismo, sería como un padre sin generación, sin el noble cortejo de su corte y sin la corona de sus hijos, y si no tuviera la generación, la corte, la corona, ¿cómo podría llamarme Rey?  Así que mi reino es formado por aquellos que viven en mi Voluntad, y de este reino escojo la Madre, la Reina, los hijos, los ministros, el ejército, el pueblo, Yo soy todo para ellos y ellos son todos para Mí”.

(3) Después estaba pensando en lo que Jesús me decía, y decía entre mí:  “¿Cómo se hace para poner en práctica esto?”  Y Jesús regresando ha agregado:

(4) “Hija mía, las verdades para conocerlas, es necesario que haya voluntad y el deseo de conocerlas.  Supón una estancia con las persianas cerradas, por cuanto sol haya afuera la estancia está siempre en oscuridad; ahora, abrir las persianas significa querer la luz, pero esto no basta si no se aprovecha la luz para reordenar la estancia, sacudirla, ponerse a trabajar, porque si no, es como matar esa luz y hacerse ingrato por la luz recibida.  Así no basta tener voluntad de conocer las verdades, si a la luz de la verdad que lo ilumina no busca sacudirse de sus debilidades y reordenarse según la luz de la verdad que conoce, y junto con la luz de la verdad ponerse a trabajar haciendo de ella sustancia propia,“” en modo de trasparentar por su boca, por sus manos, por su comportamiento, la luz de la verdad que ha absorbido, entonces sería como si asesinara la verdad, y con no ponerla en práctica sería estarse en pleno desorden delante de esa luz.  Pobre estancia, llena de luz pero toda desordenada, trastornada y en pleno desorden, y una persona dentro que no se preocupa de reordenarla, ¿qué compasión no daría?  Tal es quien conoce las verdades y no las pone en práctica.

(5) Has de saber que en todas las verdades, como primer alimento entra la simplicidad, si las verdades no fueran simples, no serían luz y no podrían penetrar en las mentes humanas para iluminarlas, y donde no hay luz no se pueden distinguir los objetos; la simplicidad no sólo es luz, sino es como el aire que se respira, que aunque no se ve da la respiración a todo, y si no fuese por el aire, la tierra y todos quedarían sin movimiento, así que si las virtudes, las verdades, no llevan la marca de la simplicidad, serán sin luz y sin aire”

La luz y el pecado original Sesión 19

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