No se ama lo que no se conoce. Y a medida que se conoce se ama.
“La Santidad de mi Querer quiere ser conocida... Pero si no es conocida, ¿cómo podrán amar y querer un vivir tan santo?” (16-07-1922).
“El conocimiento es el ojo del alma. El alma que no conoce está como ciega para ese bien, para esa verdad. En mi Voluntad –dice Jesús– no hay almas ciegas, sino que cada conocimiento les da una vista más aguda” (02-04-1923).
¿Para qué sirve cada nuevo conocimiento de la Divina Voluntad?
“Cada vez que te hablo de mi Querer y tú recibes nuevos conocimientos y noticias, más valor tiene tu acto en mi Querer y más inmensas riquezas adquieres.
Sucede como a alguien que tiene una piedra preciosa y sabe que esa piedra vale un centavo; es rico de un centavo. Un día le hace ver su piedra a un experto, el cual le dice que su piedra vale cinco mil liras; esa persona ya no posee un centavo, sino cinco mil liras. Pero después de algún tiempo, tiene ocasión de enseñar su piedra a un perito aún más experto, y éste le asegura que su piedra preciosa tiene un valor de cien mil liras y que se la compra inmediatamente si quiere vendérsela; entonces ya es rico y posee cien mil liras. A medida que conoce el valor de su piedra se vuelve más rico y tiene más amor y estima de la piedra, la guarda con más cuidado, sabiendo que es toda su fortuna, mientras que antes la consideraba cosa de nada. Y sin embargo la piedra no ha cambiado, sigue siendo lo que era, el cambio lo ha hecho él al ir comprendiendo el valor que tiene la piedra.
Pues bien, así es de mi Voluntad, como también de las virtudes; a medida que el alma comprende su valor y aumenta su conocimiento, así sus actos adquieren nuevo valor y nuevas riquezas. Así que cuanto más conozcas mi Voluntad, mayor valor tendrá tu acto. Oh, si supieras qué mares de gracias abro entre tú y Yo cada vez que te hablo de los efectos de mi Querer, tú morirías de alegría y harías fiesta como si hubieras adquirido nuevos reinos que dominar” (25-08-1921).
A medida que el Señor hace conocer al alma su Voluntad, aumenta su capacidad y la prepara a un mayor conocimiento (02-09-1921).
Hacer la Divina Voluntad, o sea, cumplir fielmente lo que Ella quiere o aceptar lo que permite, no es algo nuevo. Eso lo hacen todos los Santos, de todos los tiempos, porque sin Ella no puede haber virtud ni santidad. Pero cada uno toma de Ella y tiene una relación con Ella en la medida que le es concedido conocerla:
“…Sin duda han habido Santos que han hecho siempre lo que Yo quiero, pero han tomado de mi Voluntad en la medida que la han conocido. Ellos sabían que hacer mi Voluntad era el acto más grande, lo que más me glorifica y que lleva a la santidad, y con esa intención la hacían, y eso tomaban, porque no hay santidad sin mi Voluntad, y no puede resultar ningún bien, santidad pequeña o grande, sin Ella” (06-11-1922).
La Verdad es infinita, la Revelación es completa, pero no acabará jamás
“Aún tengo muchas cosas que deciros –dijo el Señor en la última Cena–, pero por el momento aún no sois capaces de soportar el peso. Mas cuando venga el Espíritu de la Verdad, El os conducirá a la Verdad completa, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá todo lo que ha oído y os anunciará las cosas futuras” (Jn 16,12-13).
La Revelación –la Iglesia nos enseña– es Una sola: el Padre es Revelado, el Hijo Jesucristo es la Revelación del Padre, el Espíritu Santo es el Divino Revelador.
La Revelación es por eso infinita y eterna, no ha terminado ni acabará jamás. Es cierto que “el Padre ha dicho su Palabra definitiva” cuando ha enviado el Hijo al mundo, pero el Hijo ha resucitado y nunca acabará de hacernos conocer al Padre.
La Revelación se nos da en la Sagrada Escritura (que es completa y perfecta) y en la Sagrada Tradición, que la explica e ilumina de forma creciente. Pues bien, si "el Libro" es completo y no se puede añadir ni siquiera una página, "la Luz" para poder leerlo aumenta siempre. Una cosa es leerlo a la luz "de las estrellas y de la luna", y otra cosa es leerlo a la luz "del Sol"... del Divino Querer. Eso es precisamente lo que dan los escritos de Luisa, "la pequeña Hija de la Divina Voluntad".
Por eso los Apóstoles miraban con vivo deseo el futuro:
San Pablo dice: “La noche va avanzada, el día está próximo. Despojémonos por tanto de las obras de las tinieblas y tomemos las armas de la Luz” (Rom 13,12).
San Pedro: “Vigilad poniendo toda vuestra esperanza en esa gracia que se os dará cuando Jesucristo se revele” (1 Pe 1,13).
Y San Juan: “Amadísimos, nosotros desde ahora somos hijos de Dios, pero lo que seremos aún no ha sido revelado. Lo que sabemos es que cuando El se manifieste seremos semejantes a El, porque Lo veremos como El es” (1 Gv 3,2), o "Por eso el amor en nosotros llega a su perfección, para que confiemos el día del juicio; para que como es El, así seamos también nosotros, en este mundo" (1 Jn 4,17).
Y a Luisa Jesús le dice: “…he reservado gracias más grandes a quienes han escrito de Mí, porque son la continuación de mi vida evangélica, los portavoces de mi palabra, y lo que no dije en mi Evangelio me reservé decirlo a quien habría escritto de Mí. Yo no terminé entonces de predicar, Yo debo predicar siempre, mientras existan las generaciones” (14-02-1922).
Hacer conocer Sus verdades es iniciativa, un don, un derecho de Dios.
Nuestro Señor, aunque en el Evangelio ha hecho elocuentes referencias a la Voluntad del Padre, haciendo comprender que es lo más importante, la explicación y el fin de todo en su Vida, entonces no podía extenderse en más explicaciones. “Si os he hablado de cosas de la tierra y no creéis, ¿cómo creeríais si os hablara de cosas del cielo?” (Jn 3,12). Si el hombre no conocía lo menos, ¿cómo habría podido conocer lo más? Si aún no sabía andar, ¿cómo habría podido aprender a volar?
Antes tenía que reeducarlo, redimirlo, darle la Gracia, hacerlo de nuevo hijo de Dios, asegurar su salvación, dejando para más adelante –al tiempo establecido por el Padre– descubrirle su Herencia, devolverle el don de su Adorable Voluntad y con él la semejanza divina perdida por Adán, hacerle ser una sola cosa con El, darle no sólo la salvación, sino su misma Santidad Divina, enseñarle a vivir en la Divina Voluntad… Por eso Jesús, cuando vino a la tierra, apenas dijo algo de la Divina Voluntad; se reservó darla a conocer por medio de Luisa:
“Lo que debía hacer entonces, las enseñanzas que debía dar a todos sobre mi Voluntad, te las he dado a te; así que hacerlas conocer no es sino suplir lo que Yo hubiera hecho estando en la tierra para cumplir mi Venida”. (02-06-1921).
Así ha decidido Dios. Y Luisa dice: “Amor mío, Jesús, ¿será posible que al cabo de tantos siglos de vida de la Iglesia, que ha producido tantos santos (y muchos de ellos han asombrado Cielo y tierra con sus virtudes y las maravillas que han hecho), no habían de hacer todo en el Divino Querer, de modo que se realizara ese plan divino que Tú dices? ¿Me estabas esperando precisamente a mí, la más incapaz, la más mala e ignorante, para hacer eso? ¡Parece cosa increíble!” Y Jesús: –“Oye, hija mía, mi sabiduría tiene medios y vías que el hombre ignora y que está obligado a doblegar la frente y adorarla en mudo silencio, y no le toca a él darme leyes, a quien debo elegir y el tiempo oportuno que mi bondad dispone” (06-10-1922).
Solamente en los Escritos de Luisa el Señor hace conocer su Querer.
Y dice: “que a nadie hasta ahora he manifestado. Examina todos los libros que quieras y verás que en ninguno hallarás lo que te he dicho a tí de mi Voluntad” (12-09-1913).
El vivir en el Querer Divino “es la Santidad no conocida todavía y que haré conocer, que pondrá el último retoque, el más bello y refulgente de todas las demás santidades” (08-04-1918).
“A menudo te hablo, no sólo de mi Voluntad, sino del vivir en mi Querer, porque habiendolo hecho tuyo quiero que conozcas sus cualidades y el modo como se vive en él, para poder hacer junto conmigo vida en común e inseparable y revelarte los secretos de mi Querer” (25-04-1918).
“…Por eso a menudo te hablo del vivir en mi Querer, que hasta ahora no he manifestado a nadie; todo lo más han conocido la sombra de mi Voluntad, la gracia, la dulzura que contiene el hacerla, pero penetrar en Ella, abrazar su inmensidad, multiplicarse conmigo y penetrar en todo, en el Cielo y en los corazones, aun estando en la tierra, dejar los modos humanos y obrar con modos divinos…, eso no se conoce todavía, tanto que a no pocos les parecerá extraño y el que no tenga abierta la mente a la luz de la Verdad no entenderá nada. Pero Yo poco a poco me abriré camino, manifestando ya sea una verdad, ya sea otra del vivir en mi Querer, tanto que acabarán comprendiéndolo…” –“Amor mío, si tanto bien hay en este vivir en el Querer Divino, ¿por qué no lo has manifestado antes?” (29-01-1919).
“¡Cuánto deberías agradecerme el haberte admitido en los secretos de mi Querer!” (29-09-1912) “…Ese hablarte siempre de mi Querer, ese hacerte comprender sus admirables efectos, lo que no he hecho con nadie hasta ahora...” (17-03-1921).
Jesús exhorta a Luisa a no omitir ninguna de sus verdades, aun la más pequeña, porque puede servir a un hermano suyo y ella debe abrir esos canales (23-10-1921).
Esta revelación contiene en sí misma la prueba de su autenticidad.
Como Jesús dice: “La doctrina sobre mi Voluntad es la más pura, la más bella, sin sombra de materia o de interés, tanto en lo sobrenatural como en lo natural. Por eso será, a la manera del sol, la más penetrante, la más fecunda y la más bienvenida y acogida, y siendo luz, por sí misma se hará comprender y se abrirá camino. No estará sujeta a dudas, a sospecha de error, y si alguna palabra no se entenderá será por la demasiada luz, que eclipsando la inteligencia humana, no podrán comprender toda la plenitud de la verdad, pero no hallarán ni una palabra que no sea verdad; todo lo más no podrán comprenderla del todo” (10-02-1924).
El único Hombre que pudo decir ante sus adversarios, sin temor a ser desmentido, “¿quién de vosotros puede echarme en cara un pecado?” (Jn 8,46), ha podido decir: en esta doctrina “no hallarán ni una palabra que no sea verdad”. Si no fuera así sería una presunción temeraria y ridícula, de “el alma más soberbia de este mundo”, como dice Luisa. Exactamente, en los antípodas de su persona y de su vida.
Del conocimiento nace la estima, el amor y la posesión.
“Mi Voluntad es el prodigio de los prodigios, es el secreto para encontrar la luz, la santidad, las riquezas; es el secreto de todos los bienes, no conocido íntimamente y por tanto no apreciado ni amado como se merece” (08-03-1914).
Jesús no puede no manifestar, aunque sea poco a poco, su Amor, las gracias y los bienes que va dando a quien hace su Voluntad. El no exagera (21-03-1914).
“¡Ah, si todos comprendieran el gran bien del vivir en mi Querer, irían a porfía! Pero ay, ¡qué pocos lo entienden y viven más en sí mismos que en Mí!” (04-05-1919).
“Cuando se conocerá, almas amantes y desinteresadas entrarán a vivir en mi Fiat” (02-03-1921).
Jesús exulta al dar a conocer su Voluntad: cada verdad manifestada es un nuevo vínculo de unión que forma con Luisa y con toda la humanidad. El ha manifestado todo lo que hizo para constituir al hombre heredero de los bienes de su Humanidad; ahora quiere manifestar lo que su Divina Voluntad hizo en su Humanidad per hacer herederas de todos los bienes de su Querer a las nuevas generaciones (06-09-1921).
“¡Cuánta avaricia tienen conmigo, cuántas restricciones, cuántas cosas no manifiestan de lo que digo y comprenden de Mí!... Cada nuevo conocimiento mío que tienen es una gloria, un amor más que recibo de las criaturas” (29-10-1921).
“La Santidad en mi Querer no se conoce todavía; por eso se asombran tanto, porque cuando una cosa se conoce cesa el asombro... ¡Qué gracia es para tí conocerla!” (12-11-1921). “Tengo tantas cosas que decirte todavía, tantas otras verdades que tú no conoces, y todas dan la felicidad que cada una posee; cuantas verdades el alma conoce, tantas diferentes felicidades adquiere” (05-01-1922).
“Todo mi interés es que tu querer viva en el Mío y que comprendas bien lo que significa vivir en él, en la medida que a la criatura es posible” (15-06-1922). Cuanto más se conoce del Querer Divino, tanto más se recibe de él. “De los actos internos que mi Humanidad hizo en la Divina Voluntad por amor a todos, poco o nada se sabe... El conocimiento lleva consigo el valor, los efectos, la vida de ese bien... Cuando Yo hago conocer es porque quiero dar”. (19-10-1922) “Ya ves lo necesario que es que se conozca mi Querer en todas sus relaciones, sus prodigios, sus efectos, su valor, lo que Yo hice en este Querer por las criaturas, lo que tienen que hacer ellas. Ese conocimiento será un potente imán que atraerá a las criaturas y les hará recibir la herencia de mi Querer, y para que venga la generación de los hijos de la Luz, los hijos de mi Querer” (27-10-1922).
De la Divina Voluntad se posee en la medida que se conoce y Ella se manifiesta (06-11-1922). “...Es mi Querer, que quiero que todos conozcan e indiquen como nuevo Cielo y medio de nueva regeneración” (05-01-1923).
“Cuando hablo de mi Voluntad para hacer que la criatura la conozca, Yo quiero infundirle mi Divinidad y por tanto otro Mí mismo... Mientras hablo de mi Querer, mi Amor parece como si se desbordara de sus confines, para formar la sede de mi Voluntad en el corazón de la criatura” (16-02-1923).
“Cuando manifiesto una verdad mía no conocida, es una nueva Creación que hago” (01-07-1923).
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