ORACIONES INICIALES

lunes, 16 de agosto de 2021

DECIMOSEXTA HORA DE LAS 8 A LAS 9 DE LA MAÑANA JESÚS DE NUEVO ANTE PILATOS. ES POSPUESTO A BARRABÁS. JESÚS ES FLAGELADO.



 

Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo

por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu

lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu

amor, extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi

cabeza sobre tu corazón empiezo:

Mi atormentado Jesús, mi pobre corazón te sigue entre

ansias y penas, y al verte vestido de loco, conociendo quién

eres Tú, sabiduría infinita, que das el juicio a todos, doy en

delirio y digo: ¿cómo, Jesús loco? ¿Jesús malhechor? ¡Y

ahora serás pospuesto al más grande malhechor, a Barrabás!

Mi Jesús, santidad que no tiene igual, ya estás de nuevo

ante Pilatos, y éste, al verte tan malamente reducido y vestido

de loco, y sabiendo que ni siquiera Herodes te ha condenado,

queda más indignado contra los judíos y se convence

mayormente de tu inocencia y de no condenarte, pero

queriendo dar alguna satisfacción a los judíos, como para

aplacar el odio, el furor, la rabia y la sed que tienen de tu

sangre, te propone a ellos junto con Barrabás, pero los judíos

gritan:

«¡No queremos libre a Jesús, sino a Barrabás!» (Jn 18, 40)

Y entonces Pilatos no sabiendo ya qué hacer para calmarlos

te condena a la flagelación.

Mi pospuesto Jesús, se me rompe el corazón al ver que

mientras los judíos se ocupan de Ti para hacerte morir, Tú,

encerrado en Ti mismo piensas en dar a todos la vida, y

poniendo atención te escucho decir:

«Padre Santo, mira a tu Hijo vestido de loco, esto te repara

la locura de tantas criaturas al caer en el pecado; esta

vestidura blanca sea ante Ti como disculpa por tantas almas

que se visten con la lúgubre vestidura de la culpa. Mira oh

Padre, el odio, el furor, la rabia que tienen contra Mí, que casi

les hace perder la luz de la razón, la sed que tienen de mi

sangre, y Yo quiero repararte todos los odios, las venganzas,

las iras, los homicidios, y conseguir a todos la luz de la razón.

Mírame de nuevo Padre mío, ¿se puede dar insulto mayor?

Me han pospuesto al más grande malhechor, y Yo quiero

repararte todas las posposiciones que se hacen, ¡ah, todo el

mundo está lleno de posposiciones! Quién nos pospone a un

156

vil interés, quién a los honores, quién a las vanidades, quién a

los placeres, a los apegos, a las dignidades, a las crápulas y

hasta al mismo pecado, y en modo unánime todas las

criaturas, aun a cada pequeña tontería nos posponen, y Yo

estoy dispuesto a aceptar ser pospuesto a Barrabás para

reparar las posposiciones de las criaturas.”

Mi Jesús, me siento morir de dolor y de confusión al ver tu

gran amor en medio de tantas penas y el heroísmo de tus

virtudes en medio de tantas penas e insultos. Tus palabras y

reparaciones, como tantas heridas se repercuten en mi pobre

corazón, y en mi dolor repito tus plegarias y tus reparaciones,

ni siquiera un instante puedo separarme de Ti, de otra manera

muchas cosas de lo que haces Tú se me escaparían. Pero,

¿qué veo? Los soldados te conducen a una columna para

flagelarte. Amor mío, te sigo y Tú con tu mirada de amor

mírame y dame la fuerza para asistir a tu dolorosa flagelación.

Jesús Flagelado

Mi purísimo Jesús, ya estás junto a la columna, los soldados

enfurecidos te sueltan para atarte a ella, pero no es suficiente,

te despojan de tus vestiduras para hacer cruel carnicería de tu

santísimo cuerpo. Amor mío, vida mía, me siento desfallecer

por el dolor de verte desnudo, Tú tiemblas de pies a cabeza y

tu santísimo rostro se tiñe de virginal rubor, y es tanta tu

confusión y tu agotamiento, que no sosteniéndote en pie estás

a punto de caer a los pies de la columna, pero los soldados

sosteniéndote, no por ayudarte sino para poderte atar, no te

dejan caer.

Ya toman las sogas, te atan los brazos, pero tan fuerte que

enseguida se hinchan y de la punta de los dedos brota sangre.

Después, en torno a la columna pasan sogas que sujetan tu

santísima persona hasta los pies, y tan fuerte que no puedes

hacer ni siquiera un movimiento, y así poder ellos

desenfrenarse sobre de Ti libremente.

Despojado Jesús mío, permíteme que me desahogue, de

otra manera no puedo continuar viéndote sufrir tanto. ¿Cómo?

Tú que vistes a todas las cosas creadas, al sol de luz, al cielo

de estrellas, a las plantas de hojas, a los pajarillos de plumas,

Tú, ¿desnudo? ¡Qué atrevimiento! Pero mi amante Jesús, con

la luz que irradia de sus ojos me dice:

«Calla, oh hija. Era necesario que fuese desnudado para

reparar por tantos que se despojan de todo pudor, de candor y

de inocencia; que se desnudan de todo bien y virtud, de mi

157

gracia, y se visten de toda brutalidad, viviendo a modo de

brutos. En mi virginal rubor reparé las tantas deshonestidades

y afeminaciones y placeres bestiales. Por eso atenta a lo que

hago y ruega y repara conmigo y cálmate».

Flagelado Jesús, tu amor pasa de exceso en exceso, veo

que los verdugos toman los flagelos y te azotan sin piedad,

tanto, que todo tu santísimo cuerpo queda lívido; es tanta la

ferocidad y el furor al golpearte, que están ya cansados, pero

otros dos los sustituyen y tomando varas espinosas te azotan

tanto, que enseguida de tu santísimo cuerpo comienza a

chorrear a ríos la sangre, y lo continúan golpeando todo,

abriendo surcos y lo llenan de llagas.

Pero aún no les basta, otros dos continúan, y con cadenas

de fierro continúan la dolorosa carnicería. A los primeros

golpes esas carnes llagadas se desgarran y a pedazos caen

por tierra; los huesos quedan al descubierto y la sangre brota

tanto, que forma un lago de sangre en torno a la columna.

Mi Jesús desnudado, amor mío, mientras Tú estás bajo esta

tempestad de golpes, me abrazo a tus pies para poder tomar

parte en tus penas y quedar toda cubierta con tu preciosísima

sangre, pero cada golpe que Tú recibes es una herida a mi

corazón, mucho más, pues poniendo atención oigo tus

gemidos, los cuales no se escuchan bien porque la tempestad

de golpes ensordece el ambiente, y en esos gemidos Tú dices:

«Ustedes, todos los que me aman, vengan a aprender el

heroísmo del verdadero amor; vengan a apagar en mi sangre

la sed de sus pasiones, la sed de tantas ambiciones, de tantas

vanidades y placeres, de tanta sensualidad; en ésta mi sangre

encontrarán el remedio a todos sus males».

Tus gemidos continúan diciendo:

«Mírame, oh Padre, bajo esta tempestad de golpes, todo

llagado, pero no basta, quiero formar tantas llagas en mi

cuerpo para dar suficientes moradas en el Cielo de mi

Humanidad a todas las almas, en modo de formar en Mí mismo

su salvación, y después hacerlas pasar al Cielo de la Divinidad.

Padre mío, cada golpe de estos flagelos repare ante Ti, uno a

uno cada especie de pecado, y conforme me golpean, así sea

excusa para aquellos que los cometen. Que estos golpes

golpeen los corazones de las criaturas y les hablen de mi amor

por ellas, tanto, de forzarlas a rendirse a Mí».

Y mientras esto dices, es tan grande tu amor, si bien con

sumo dolor, que casi incitas a los verdugos a que te azoten aún

más. Mi descarnado Jesús, tu amor me aplasta, me siento

enloquecer; y si bien tu amor no está cansado, los verdugos

158

están agotados y no pueden continuar la dolorosa carnicería.

Ya te quitan las cuerdas y Tú caes casi muerto en tu propia

sangre; y al ver los pedazos de tus carnes te sientes morir por

el dolor, al ver en aquellas carnes arrancadas de Ti, a las

almas perdidas, y es tanto tu dolor, que agonizas en tu propia

sangre.

Mi Jesús, deja que te tome entre mis brazos para restaurarte

un poco con mi amor. Te beso, y con mi beso encierro a todas

las almas en Ti, así ninguna más se perderá, y Tú bendíceme.

+ + +

Reflexiones de la Decimosexta Hora (8 AM)

14-2

Febrero 9, 1922

Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las

horas de la Pasión y mi dulce Jesús, mientras lo acompañaba

en el misterio de su dolorosa flagelación, se hacía ver todo

descarnado, su cuerpo desnudo no sólo de sus vestiduras, sino

también de su carne; sus huesos se podían numerar uno por

uno; su aspecto era no sólo desgarrador sino horrible al verse,

tanto que infundía temor, espanto, reverencia y amor a la vez.

Yo me sentía muda ante esta escena tan desgarradora, habría

querido hacer no sé qué cosa para aliviar a mi Jesús, pero no

sabía hacer nada, la vista de sus penas me daba la muerte, y

Jesús, todo bondad me ha dicho:

“Querida hija mía, mírame bien para que conozcas a fondo

mis penas. Mi cuerpo es el verdadero retrato del hombre que

comete pecado; el pecado lo despoja de la vestidura de mi

gracia, y Yo para dársela nuevamente me hice despojar de mis

vestidos; el pecado lo deforma, y mientras es la más bella

criatura que salió de mis manos, se vuelve la más fea y da

asco y horror. Yo era el más bello de los hombres, y para darle

de nuevo la belleza al hombre, puedo decir que mi Humanidad

tomó la forma más fea; mírame cómo estoy horrible, me hice

quitar la piel por los azotes y quedé irreconocible. El pecado no

sólo quita la belleza, sino que forma llagas profundas,

putrefactas y gangrenosas que corroen las partes más íntimas,

consumen los humores vitales, así que todo lo que el hombre

hace en estado de pecado son obras muertas, esqueléticas, el

pecado le arranca la nobleza de su origen, la luz de su razón y

se vuelve ciego, y Yo para llenar la profundidad de sus llagas

159

me hice arrancar a pedazos la carne, me reduje todo a una

sola llaga, y con derramar a ríos mi sangre hice correr los

humores vitales en su alma, para darle nuevamente la vida.

¡Ah! si no tuviera en Mí la fuente de la vida de mi Divinidad, Yo

habría muerto desde el principio de mi Pasión, porque a cada

pena que me daban mi Humanidad moría, pero ella me

restituía la vida.

Ahora, mis penas, mi sangre, mis carnes arrancadas a

pedazos están siempre en acto de dar vida al hombre, pero el

hombre rechaza mi sangre para no recibir la vida, pisotea mis

carnes para quedar llagado, ¡oh! cómo siento el peso de la

ingratitud”.

Y arrojándose en mis brazos ha roto en llanto. Yo me lo he

estrechado a mi corazón, pero Él lloraba fuertemente, ¡qué

desgarro ver llorar a Jesús! Habría querido sufrir cualquier

pena para no hacerlo llorar. Entonces lo he compadecido, le he

besado sus llagas, le he secado las lágrimas, y Él como

reconfortado ha agregado:

“¿Sabes cómo hago Yo? Como un padre que ama mucho a

su hijo, y este hijo es ciego, deforme, tullido; y el padre que lo

ama hasta la locura, ¿qué hace? Se saca los ojos, se arranca

las piernas, se quita la piel y se lo da todo al hijo y dice: ‘Estoy

más contento con quedar ciego, cojo, deforme, con tal que te

vea a ti, hijo mío, que puedes ver, que puedes caminar, que

eres bello”. ¡Oh, cómo está contento aquel padre porque ve a

su hijo mirar con sus ojos, caminar con sus piernas y cubierto

con su belleza! ¿Pero cuál sería el dolor del padre si viera que

su hijo, ingrato, arroja de sí los ojos, las piernas, la piel, y se

contenta con permanecer feo como está? Así soy Yo, en todo

he pensado, pero ellos, ingratos, forman mi más acerbo dolor”.

+ + +

14-18

Abril 1, 1922

Después he seguido las horas de la Pasión, y seguía a mi

dulce Jesús en el momento en que fue vestido y tratado como

loco; mi mente se perdía en este misterio, y Jesús me ha dicho:

“Hija mía, el paso más humillante de mi Pasión fue

propiamente éste, el ser vestido y tratado como loco, llegué a

ser el juguete de los judíos, su harapo; humillación más grande

no podría tener mi infinita sabiduría; no obstante era necesario

que Yo, Hijo de Dios, sufriera esta pena. El hombre pecando se

vuelve loco; locura más grande no puede darse, y de rey cual

160

es, se convierte en esclavo y juguete de vilísimas pasiones que

lo tiranizan, y más que a un loco lo encadenan a su antojo,

arrojándolo en el fango y cubriéndolo con las cosas más

sucias. ¡Oh! qué gran locura es el pecado, en este estado el

hombre jamás podía ser admitido ante la Majestad Suprema,

por eso quise sufrir esta pena tan humillante, para conseguirle

al hombre que saliera de este estado de locura, ofreciéndome

Yo a mi Padre Celestial para sufrir las penas que merecía su

locura. Cada pena que sufrí en mi Pasión no era otra cosa que

el eco de las penas que merecían las criaturas; este eco

retumbaba en Mí y me sometía a penas, a desprecios, a burlas

y a todos los tormentos”.

+ + +

16-40

Enero 14, 1924

Estaba acompañando a mi Jesús en el misterio de la

flagelación, compadeciéndolo cuando se vio tan confundido en

medio de los enemigos, despojado de sus vestidos, bajo una

tempestad de golpes, y mi amable Jesús saliendo de mi interior

en el estado en el que se encontraba cuando fue flagelado me

ha dicho:

“Hija mía, ¿quieres saber la causa por la que fui desnudado

cuando fui flagelado? En cada misterio de mi Pasión primero

me ocupaba de consolidar la rotura entre la voluntad humana y

la Divina, y después de las ofensas que esta rotura

produjo. Cuando el hombre en el edén rompió los vínculos de

la unión entre la Voluntad Suprema y la suya, se despojó de las

vestiduras reales de mi Voluntad y se vistió con los miserables

harapos de la suya, débil, inconstante, impotente para hacer

algo de bien. Mi Voluntad le era un dulce encanto que lo tenía

absorbido en una luz purísima que no le hacía conocer otra

cosa que a su Dios, del cual había salido, quien no le daba otra

cosa que felicidad sin medida, y estaba tan absorbido por lo

mucho que le daba su Dios, que no se daba ningún

pensamiento de sí mismo. ¡Oh! cómo era feliz el hombre y

cómo la Divinidad se deleitaba en darle tantas partículas de su

Ser por cuanto la criatura puede recibir, para hacerlo

semejante a Él. Ahora, en cuanto rompió la unión de nuestra

Voluntad con la suya, perdió la vestidura real, perdió el

encanto, la luz, la felicidad; se miró a sí mismo sin la luz de mi

Voluntad y viéndose sin el encanto que lo tenía absorto, se

conoció, tuvo vergüenza, tuvo miedo de Dios, tanto que su

161

misma naturaleza sintió sus tristes efectos, sintió el frío y la

desnudez y sintió la viva necesidad de cubrirse; y así como

nuestra Voluntad lo tenía en el puerto de felicidades inmensas,

así la suya lo puso en el puerto de las miserias. Nuestra

Voluntad era todo para el hombre, y en Ella encontraba todo,

era justo que habiendo salido de Nosotros y viviendo como un

tierno hijo nuestro en nuestro Querer, viviera de lo nuestro, y

este Querer debiera sustituirse a todo lo que él necesitaba; por

lo tanto, como quiso vivir de su querer, tuvo necesidad de todo,

porque el querer humano no tiene el poder de sustituirse a

todas las necesidades, ni tiene en sí la fuente del bien, por eso

fue obligado a procurarse con cansancio las cosas necesarias

a la vida. ¿Ves entonces qué significa no estar unido con mi

Voluntad? ¡Oh! si todos la conocieran, sólo tendrían un solo

suspiro: ‘Que mi Querer venga a reinar sobre la tierra’. Así que,

si Adán no se hubiera sustraído de la Voluntad Divina, aun su

naturaleza no habría tenido necesidad de vestidos, no habría

sentido la vergüenza de su desnudez, ni habría estado sujeto a

sufrir el frío, el calor, el hambre, la debilidad, pero estas cosas

naturales eran casi nada, eran más bien símbolos del gran bien

que había perdido su alma.

Por eso hija mía, antes de ser atado a la columna para ser

flagelado, quise ser desnudado para sufrir y reparar la

desnudez del hombre cuando se desnudó del vestido real de

mi Voluntad. Sentí en Mí tal confusión y pena al verme así

desnudo en medio de los enemigos que se burlaban de Mí, que

lloré por la desnudez del hombre y ofrecí a mi Celestial Padre

mi desnudez, para hacer que el hombre fuera revestido de

nuevo con el vestido real de mi Voluntad, y como pago, para

que esto no me fuera negado, ofrecí mi sangre, mis carnes

arrancadas a pedazos, me hice desnudar no sólo de los

vestidos, sino también de mi piel para poder pagar el precio y

satisfacer el delito de esta desnudez del hombre; derramé tanta

sangre en este misterio, que en ningún otro derramé tanta, que

bastaba para cubrir al hombre como con un segundo vestido, y

vestido de sangre para cubrirlo de nuevo, y así calentarlo y

lavarlo para disponerlo a recibir la vestidura real de mi

Voluntad”.

Yo al oír esto, sorprendida he dicho: “Mi amado Jesús,

¿cómo puede ser posible que el hombre con sustraerse de tu

Voluntad tuvo necesidad de vestirse, tuvo vergüenza, miedo?

Sin embargo, Tú hiciste siempre la Voluntad del Padre

Celestial, eras una sola cosa con Él; tu Mamá no conoció

162

jamás su querer, sin embargo, tuvisteis necesidad de vestidos,

de alimento y sentisteis el frío y el calor”.

Y Jesús ha agregado: “Sin embargo hija mía es

precisamente así. Si el hombre sintió vergüenza de su

desnudez y quedó sujeto a tantas miserias naturales, fue

precisamente porque perdió el dulce encanto de mi Voluntad, y

si bien el mal lo hizo el alma, no el cuerpo, pero indirectamente

fue como cómplice de la mala voluntad del hombre, la

naturaleza quedó como profanada por el mal querer del

hombre, por lo tanto, la una y el otro debían sentir la pena del

mal hecho. Respecto a Mí, es verdad que hice siempre la

Voluntad Suprema, pero Yo no vine a encontrar al hombre

inocente, al hombre antes de que pecara, sino que vine a

encontrar al hombre pecador y con todas sus miserias, y debí

fraternizarme con él, tomar sobre de Mí todos sus males y

sujetarme a las necesidades de la vida, como si fuera uno de

ellos; pero en Mí había este prodigio, que si lo quería de nada

tenía necesidad, ni de vestidos, ni de alimento, ni de nada.

Pero no quise servirme de él por amor al hombre, quise

sacrificarme en todo, aun en las cosas más inocentes creadas

por Mí mismo, para atestiguarle mi ardiente amor, es más, esto

servía para impetrar de mi Divino Padre que, por consideración

mía y de mi voluntad toda sacrificada a Él, restituyera al

hombre la noble vestidura real de nuestra Voluntad”.

+ + +

17-4

Julio 1, 1924

Me sentía muy oprimida por la privación de mi adorable

Jesús. ¡Oh, cómo me sangra el corazón y me siento sometida

a sufrir muertes continuas! Sentía que no podía más sin Él, y

que más duro no podía ser mi martirio, y mientras trataba de

seguir a mi Jesús en los diferentes misterios de su Pasión, he

llegado a acompañarlo en el misterio de su dolorosa

flagelación. Mientras estaba en esto se ha movido en mi

interior llenándome toda de su adorable Persona; yo al verlo le

quería decir mi duro estado, pero Jesús imponiéndome silencio

me ha dicho:

“Hija mía, recemos juntos; hay ciertos tiempos tan tristes en

los cuales mi justicia, no pudiendo contenerse por los males de

las criaturas quisiera inundar la tierra de nuevos flagelos, y por

eso es necesaria la oración en mi Voluntad, la que

extendiéndose sobre todos se pone en defensa de las

163

criaturas, y con su potencia impide que mi justicia se acerque a

la criatura para golpearla”.

¡Cómo era bello y conmovedor oír rezar a Jesús! Y como lo

estaba acompañando en el doloroso misterio de la flagelación,

se hacía ver chorreando sangre, y oía que decía:

“Padre mío, te ofrezco esta mi sangre, ¡ah! haz que esta

sangre cubra todas las inteligencias de las criaturas y haga

vanos todos sus malos pensamientos, disminuya el fuego de

sus pasiones y haga resurgir inteligencias santas. Esta sangre

cubra sus ojos y haga velo a su vista, a fin de que no le entre el

gusto de los placeres malos, y no se ensucien con el fango de

la tierra. Esta sangre mía cubra y llene su boca y deje muertos

sus labios a las blasfemias, a las imprecaciones, a todas sus

malas palabras. Padre mío, esta mi sangre cubra sus manos y

le dé terror de tantas acciones infames. Esta sangre circule en

nuestra Voluntad Eterna para cubrir a todos, para defender y

para ser arma defensora en favor de las criaturas ante los

derechos de nuestra justicia”.

¿Pero quién puede decir el modo como rezaba Jesús y todo

lo que decía? Después ha hecho silencio y me sentía en mi

interior que Jesús tomaba en sus manos mi pequeña y pobre

alma, la estrechaba, la retocaba, la miraba, y yo le he dicho:

“Amor mío, ¿qué haces? ¿Hay alguna cosa en mí que te

desagrada?”

Y Él: “Estoy trabajando y ensanchando tu alma en mi

Voluntad. Además, no debo darte cuentas a ti de lo que hago,

porque habiéndote dado tú toda a Mí, has perdido tus

derechos, ahora todos los derechos son míos. ¿Sabes cuál es

tu único derecho? Que mi Voluntad sea tuya y te suministre

todo lo que puede hacerte feliz en el tiempo y en la eternidad”.

+ + +

DECIMOQUINTA HORA DE LAS 7 A LAS 8 DE LA MAÑANA JESÚS ANTE PILATOS. PILATOS LO ENVÍA A HERODES

JESÚS ANTE PILATOS PILATOS LO ENVÍA A HERODES

Jesús ante Pilatos. Pilatos lo envía a Herodes

Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo

por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu

lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu

amor, extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi

cabeza sobre tu corazón empiezo:

Atado bien mío, tus enemigos unidos a los sacerdotes te

presentan ante Pilatos, y ellos fingiendo santidad y

escrupulosidad, debiendo festejar la Pascua se quedan fuera

en el atrio, y Tú, mi amor, viendo el fondo de su malicia reparas

las hipocresías del cuerpo religioso.

También yo reparo junto contigo, pero mientras Tú te ocupas

del bien de ellos, ellos en cambio comienzan a acusarte ante

Pilatos, vomitando todo el veneno que tienen contra Ti, pero

Pilatos mostrándose insatisfecho de las acusaciones que te

hacen, para poderte condenar con motivo te llama aparte y a

solas te examina y te pregunta:

«¿Eres Tú el rey de los judíos?» (Jn 18, 33)

Y Tú mi Jesús, verdadero rey mío respondes:

«Mi reino no es de este mundo; de lo contrario millares de

legiones de ángeles me defenderían».

Y Pilatos conmovido por la suavidad y dignidad de tu

palabra, sorprendido te dice:

«¿Cómo, Tú eres rey?» (Jn 18, 37)

Y Tú:

«Es como tú lo dices, Yo lo soy, y he venido al mundo para

dar testimonio de la Verdad». (Jn 18, 37)

Y Pilatos sin querer saber más y convencido de tu inocencia,

sale a la terraza y dice:

«Yo no encuentro culpa alguna en este hombre». (Jn 18, 38)

Los judíos enfurecidos te acusan de tantas otras cosas, y Tú

callas y no te defiendes, y reparas las debilidades de los jueces

cuando se encuentran de frente a los poderosos y sus

injusticias, y ruegas por los inocentes oprimidos y

abandonados. Entonces Pilatos al ver el furor de tus enemigos

y para desentenderse te envía a Herodes.

146

Jesús ante Herodes

Mi Rey divino, quiero repetir tus oraciones y reparaciones y

acompañarte hasta Herodes. Veo que tus enemigos,

enfurecidos, quisieran devorarte y te conducen entre insultos,

burlas y befas, y así te hacen llegar ante Herodes, el cual en

actitud soberbia te hace muchas preguntas, y Tú no respondes,

no lo miras, y Herodes irritado porque no se ve satisfecho en

su curiosidad y sintiéndose humillado por tu prolongado

silencio, dice a todos que Tú eres un loco y sin juicio, y como a

tal ordena que seas tratado, y para mofarse de Ti hace que

seas vestido con una vestidura blanca y te entrega en las

manos de los soldados para que te hagan lo peor que puedan.

Inocente Jesús, ninguno encuentra culpa en Ti, sólo los

judíos, porque su fingida religiosidad no merece que

resplandezca en sus mentes la luz de la verdad. Mi Jesús,

sabiduría infinita, cuánto te cuesta el haber sido declarado loco.

Los soldados abusando de Ti te arrojan por tierra, te pisotean,

te cubren de salivazos, te escarnecen, te golpean con palos, y

son tantos los golpes que te sientes morir. Son tales y tantas

las penas, los oprobios, las humillaciones que te hacen, que los

ángeles lloran y se cubren el rostro con sus alas para no

verlas.

También yo, mi loquito Jesús, quiero llamarte loco, pero loco

de amor, y es tanta tu locura de amor que en vez de ofenderte,

Tú ruegas y reparas por las ambiciones de los reyes que

ambicionan reinos para ruina de los pueblos, por las

destrucciones que provocan, por tanta sangre que hacen

derramar por sus caprichos, por todos los pecados de

curiosidad y por las culpas cometidas en las cortes y en las

milicias.

Mi Jesús, cómo es tierno el verte en medio de tantos ultrajes

orando y reparando, tus palabras repercuten en mi corazón y

sigo lo que haces Tú. Y ahora deja que me ponga a tu lado y

tome parte en tus penas y te consuele con mi amor, y

alejándote a los enemigos, te tomo entre mis brazos para darte

fuerzas y besarte la frente.

Dulce amor mío, veo que no te dan reposo y que Herodes te

envía nuevamente a Pilatos. Si doloroso ha sido el venir, más

trágico será el regreso, porque veo que los judíos están más

enfurecidos que antes y están resueltos a hacerte morir a

cualquier precio. Por eso antes que salgas del palacio de

Herodes quiero besarte, para testimoniarte mi amor en medio

147

de tantas penas, y Tú fortifícame con tu beso y con tu

bendición, y te sigo ante Pilatos.

+ + +

Reflexiones de la Decimoquinta Hora (7 AM)

13-18

Septiembre 16, 1921

Estaba haciendo la hora de la Pasión cuando mi dulce Jesús

se encontraba en el palacio de Herodes vestido de loco,

recibiendo burlas, y mi siempre amable Jesús, haciéndose ver

me ha dicho:

“Hija mía, no solamente en aquel momento fui vestido de

loco, escarnecido y recibí burlas, sino que las criaturas

continúan dándome estas penas, más bien estoy bajo

continuas burlas y por toda clase de personas. Si una persona

se confiesa y no mantiene sus propósitos de no ofenderme, es

una burla que me hace; si un sacerdote confiesa, predica,

administra Sacramentos, y su vida no corresponde a las

palabras que dice y a la dignidad de los Sacramentos que

administra, tantas burlas me hace por cuantas palabras dice,

por cuantos Sacramentos administra; y mientras Yo en los

Sacramentos les doy la vida nueva, ellos me dan escarnios,

burlas, y al profanarlos me preparan la vestidura para vestirme

de loco; si los superiores ordenan a sus inferiores sacrificios,

oración, virtud, desinterés, y ellos llevan una vida cómoda,

viciosa, interesada, son tantas burlas que me hacen; si las

cabezas civiles y eclesiásticas quieren la observancia de las

leyes, y ellos son los primeros transgresores, son burlas que

me hacen. ¡Oh, cuántas burlas me hacen! Son tantas que

estoy cansado de ellas, especialmente cuando bajo apariencia

de bien ponen el veneno del mal, ¡oh! cómo hacen de Mí un

juego, como si Yo fuera su juguete y su pasatiempo, pero mi

justicia tarde o temprano se burlará de ellos castigándolos

severamente. Tú reza y repárame estas burlas que tanto me

duelen, y que son la causa por la que no puedo hacer conocer

quién soy Yo”.

Después, habiendo venido nuevamente, y como yo estaba

fundiéndome toda en el Divino Querer, me ha dicho:

“Hija queridísima de mi Querer, Yo estoy esperando con

ansia tus fusiones en mi Voluntad; tú debes saber que

conforme Yo pensaba en mi Voluntad, así iba modelando tus

148

pensamientos en Ella, preparándoles su lugar; al obrar,

modelaba tus obras en mi Querer, y así de todo lo demás.

Ahora, lo que Yo hacía no lo hacía para Mí, porque no tenía

necesidad, sino para ti, y por eso te espero en mi Voluntad

para que vengas a tomar los lugares que te preparó mi

Humanidad, y sobre las obras que preparé ven a hacer las

tuyas, y entonces por ello estaré contento y recibiré completa

gloria cuando te vea hacer lo que Yo hice”.

+ + +

13-35

Noviembre 22, 1921

Dicho esto ha desaparecido. Después ha regresado y ha

agregado:

“Hija mía, la pena que más me traspasó en mi Pasión fue el

fingimiento de los fariseos, fingían justicia y eran los más

injustos; fingían santidad, legalidad, orden, y eran los más

perversos, fuera de toda regla y en pleno desorden, y mientras

fingían honrar a Dios, se honraban a sí mismos, su propio

interés, su propia conveniencia, por eso la luz no podía entrar

en ellos, porque sus modos fingidos les cerraban las puertas, y

el fingimiento era la llave que a doble giro de cerradura,

cerrándola a muerte, obstinadamente impedía aun cualquier

resplandor de luz, tanto que Pilatos, idólatra, encontró más luz

que los mismos fariseos, porque todo lo que él hizo y dijo no

partía del fingimiento, sino a lo más del temor, y Yo me siento

más atraído hacia el pecador más perverso, no fingido, que

hacia aquellos que son más buenos, pero fingidos. ¡Oh!, cómo

me da repugnancia quien aparentemente hace el bien, finge

ser bueno, reza, pero por dentro anida el mal, el propio interés,

y mientras los labios rezan su corazón está lejano de Mí, y en

el mismo acto de hacer el bien piensa cómo satisfacer sus

pasiones brutales. Además, el hombre fingido en el bien que

aparentemente hace y dice, no es capaz de dar luz a los

demás, habiéndole cerrado las puertas a la luz, así que obran

como demonios encarnados, que muchas veces bajo aspecto

de bien atraen al hombre, y éstos viendo el bien se dejan

atraer, pero cuando van en lo mejor del camino los precipitan

en las culpas más graves. ¡Oh! cómo son más seguras las

tentaciones bajo aspecto de culpa, que aquellas bajo aspecto

de bien, así es más seguro tratar con personas perversas, que

con personas buenas pero fingidas, ¿cuánto veneno no

esconden, cuantas almas no envenenan? Si no fuera por los

149

fingimientos y todos se hicieran conocer por lo que son, se

quitarían las raíces del mal de la faz de la tierra, y todos

quedarían desengañados”.

+ + +

14-32

Junio 1, 1922

Encontrándome en mi habitual estado, estaba siguiendo las

horas de la Pasión de mi dulce Jesús, especialmente cuando

fue presentado a Pilatos, el cual le preguntó cuál era su reino, y

mi siempre amable Jesús me ha dicho:

“Hija mía, fue la primera vez en mi Vida terrena que tuve que

tratar con un gobernante gentil, el cuál me preguntó cuál era mi

reino, y Yo le respondí que mi reino no es de este mundo, que

si de este mundo fuera, millones de legiones de ángeles me

defenderían. Con esto abría a los gentiles mi reino y les

comunicaba mi celestial doctrina, tanto que Pilatos me

preguntó: ‘¿Cómo, Tú eres rey?’ Y Yo inmediatamente le

respondí: ‘Rey soy Yo, y he venido al mundo a enseñar la

verdad.’ Con esto Yo quería abrirme camino en su mente para

hacerme conocer, y él, sintiéndose como golpeado me

preguntó: ‘¿Qué cosa es la verdad?’ Pero no esperó mi

respuesta, no tuve el bien de hacerme comprender, le habría

dicho: ‘La verdad soy Yo, todo en Mí es verdad; verdad es mi

paciencia en medio de tantos insultos; verdad es mi mirada

dulce entre tantas burlas, calumnias, desprecios; verdad son

mis modos afables, atrayentes, en medio de tantos enemigos,

que mientras ellos me odian Yo los amo, y mientras quieren

darme la muerte Yo quiero abrazarlos y darles la vida; verdad

son mis palabras dignas y llenas de sabiduría celestial; todo en

Mí es verdad”. La verdad es más que sol majestuoso, que por

cuanto se quiera pisotear, surge más bello, más luminoso y

hace avergonzar a los mismos enemigos, haciéndolos caer por

tierra, a sus pies.

Pilatos me preguntó con ánimo sincero, y Yo le respondí

inmediatamente, en cambio Herodes me preguntó con maldad

y por curiosidad, y Yo no le respondí, así que a quien quiere

saber las cosas santas con sinceridad, Yo me revelo más allá

de lo que se quiere; en cambio, a quien quiere saberlas con

maldad y para curiosear, Yo me le escondo, y mientras éstos

quieren hacer burla de Mí, Yo los confundo y me burlo de ellos.

Pero como mi persona llevaba consigo la verdad, también ante

Herodes hizo su oficio, mi silencio ante sus tempestuosas

150

preguntas, mi mirada modesta, el aspecto todo lleno de

dulzura, de dignidad, de nobleza de mi misma persona, eran

todas verdades, y verdades operantes”.

+ + +

14-76

Noviembre 24, 1922

Estaba pensando en mi dulce Jesús cuando fue presentado

a Herodes, y decía entre mí: “Cómo es posible que Jesús, tan

bueno, no se haya dignado decirle una palabra, ni dirigirle una

mirada. ¿Quién sabe y a lo mejor aquel pérfido corazón, ante la

potencia de la mirada de Jesús se hubiera convertido?” Y

Jesús haciéndose ver me ha dicho:

“Hija mía, era tanta su perversidad e indisposición de ánimo,

que no mereció que lo mirara y le dijera una palabra, y si lo

hubiera hecho él se habría hecho más culpable, porque cada

palabra mía o mirada son vínculos de más que se forman entre

Yo y la criatura. Cada palabra es una unión mayor, un mayor

estrechamiento; y en cuanto el alma se siente mirada, la gracia

comienza su trabajo. Si la mirada o la palabra ha sido dulce,

benigna, el alma dice: ‘Cómo era bella, penetrante, suave,

melodiosa, ¿cómo no amarlo?’ O bien si ha sido una mirada o

palabra majestuosa, fulgurante de luz, dice: ‘Qué majestad,

qué grandeza, qué luz tan penetrante, cómo me siento

pequeña, cómo soy miserable, cuántas tinieblas en mí ante esa

luz tan fulgurante’. Si te quisiera decir la potencia, la gracia, el

bien que lleva mi palabra o mirada, cuántos libros te haría

escribir”.

+ + +

15-34

Julio 5, 1923

Estaba acompañando a mi penante Jesús en las horas de su

amarguísima Pasión, especialmente cuando fue presentado y

acusado por los judíos ante Pilatos, y Pilatos, no contento con

las simples acusaciones que le hacían, volvía a los

interrogatorios para encontrar, o causa suficiente para

condenarlo o para liberarlo. Y Jesús, hablándome en mi interior

me ha dicho:

"Hija mía, todo en mi Vida es misterio profundo y

enseñanzas sublimes, en las cuales el hombre debe mirarse

como en un espejo para imitarme. Tú debes saber que era

tanta la soberbia de los judíos, especialmente por la fingida

151

santidad que profesaban, por la que eran tenidos por hombres

rectos y concienzudos, que creían que sólo con presentarme

ellos y decir que me habían encontrado culpable y reo de

muerte, Pilatos debía creerles y sin interrogarlos debía

condenarme, mucho más porque estaban tratando con un juez

gentil que no tenía ni conocimiento de Dios ni conciencia. Pero

Dios dispuso diversamente para confundirlos y para enseñar a

los superiores que por mucho que parezcan buenas y santas

las personas que acusan a un pobre reo, no les crean

fácilmente, sino que las interroguen cuidadosamente para ver

si están en la verdad, o bien, ver si bajo aquel vestido de

bondad hay algunos celos, rencores, o es para obtener de los

superiores, haciéndose camino en sus corazones, algún puesto

o dignidad que ambicionan. El escrutinio hace conocer a las

personas, las confunde y se muestra que no se tiene confianza

en ellas, y al no verse apreciadas se quitan el pensamiento de

ambicionar puestos o de acusar a otros. Cuánto mal hacen

aquellos superiores cuando a ojos cerrados, fiándose de una

fingida bondad, no de una virtud probada, los ponen en un

puesto, o dan oídos a quien acusa a otro de alguna falta.

Cuánto no quedaron humillados los judíos al no ser creídos

fácilmente por Pilatos y al sufrir tantos interrogatorios, y si

cedió en condenarme no fue porque les creyera, sino forzado y

para no perder su puesto; esto los confundió, de modo que

quedó como marca sobre su frente una extrema confusión y

una humillación profunda, mucho más que descubrían más

rectitud y más conciencia en un juez gentil que en ellos. Cuán

necesario y justo es el escrutinio, arroja luz, produce calma en

los verdaderos buenos y confusión en los malos. Y cuando

queriendo examinarme Pilatos me preguntó: ‘¿Tú eres rey? Y

¿dónde está tu reino?’ Yo quise dar otra sublime lección con

decir: ‘Yo soy rey’. Y quería decir: ‘¿Pero sabes tú cuál es mi

reino? Mi reino son mis dolores, mi sangre, mis virtudes; éste

es el verdadero reino, que no fuera de Mí, sino dentro de Mí

poseo, lo que se posee por afuera no es verdadero reino ni

seguro dominio, porque lo que no está dentro del hombre le

puede ser quitado, usurpado y será obligado a dejarlo; en

cambio lo que está dentro nadie se lo podrá quitar, el dominio

será eterno dentro de él. Las características de mi reino son

mis llagas, las espinas, la cruz, donde no hago como los

demás reyes, que hacen vivir a sus pueblos fuera de ellos, en

la inseguridad y tal vez en ayunas; Yo no, Yo llamo a mis

pueblos a habitar en las estancias de mis llagas, fortificados y

defendidos por mis dolores, quitada su sed por mi sangre,

152

alimentados por mi carne, y sólo esto es el verdadero reinar,

todos los demás reinos son reinos de esclavitud, de peligros y

de muerte; en mi reino está la verdadera vida. Cuántas

enseñanzas sublimes, cuántos misterios profundos en mis

palabras, cada alma debería decirse a sí misma en las penas y

dolores, en las humillaciones y abandonos de todos, al

practicar las verdaderas virtudes: ‘Este es mi reino, no sujeto a

perecer, nadie me lo puede quitar ni tocar, es más, mi reino es

eterno y divino, semejante al de mi dulce Jesús, mis dolores y

penas me lo certifican y me vuelven el reino más fortificado y

aguerrido, tanto, que ninguno podrá hacerme guerra en vista

de mi gran fortaleza’. Este es reino de paz, que deberían

ambicionar todos mis hijos".

+ + +

16-2

Julio 16, 1923

Estaba pensando en la Pasión de mi dulce Jesús y sentía

sus penas junto a mí, como si ahora las estuviera Él sufriendo,

y mirándome me ha dicho:

“Hija mía, Yo sufrí todo en mi Voluntad, y a medida que

sufría mis penas abrían tantos caminos en mi Voluntad para

llegar a cada criatura. Si no hubiera sufrido en mi Voluntad, que

envuelve todo, mis penas no habrían llegado hasta ti, ni hasta

todos y cada uno, habrían quedado con mi Humanidad; es

más, con haberlas sufrido en mi Voluntad no sólo abrían tantos

caminos para ir a todas las criaturas, sino que abrían también

tantos otros para hacerlas entrar a ellas hasta Mí, y unirse con

esas penas y darme cada una de las penas que con sus

ofensas me debían dar en todo el curso de los siglos, y

mientras Yo estaba bajo la tempestad de los golpes, mi

Voluntad me traía a cada una de las criaturas a golpearme, así

que no fueron sólo aquellos los que me flagelaron, sino las

criaturas de todos los tiempos, que habrían con sus ofensas

concurrido a la bárbara flagelación, y así en todas las demás

penas mi Voluntad me traía a todos, ninguno faltaba a la

llamada, todos me estaban presentes, ninguno faltó, por eso

mis penas fueron ¡oh, cuánto más duras, más múltiples que las

que se vieron! Entonces si quieres que los ofrecimientos de mis

penas, tu compasión y reparación, tus pequeñas penas, no

sólo lleguen hasta Mí, sino que hagan los mismos caminos de

las mías, haz que todo entre en mi Querer, y todas las

generaciones recibirán los efectos. Y no sólo mis penas, sino

153

también mis palabras, porque dichas en mi Voluntad llegaban a

todos, como por ejemplo cuando Pilatos me preguntó si Yo era

rey y Yo le respondí: ‘Mi reino no es de este mundo, si de este

mundo fuera, millones de legiones de ángeles me defenderían’.

Y Pilatos al verme tan pobre, humillado, despreciado, se

asombró y dijo más marcado: ¡Cómo! ¿Tú eres rey?’ Y Yo con

firmeza le respondí a él y a todos los que se encuentran en

algún puesto: ‘Rey soy Yo, y he venido al mundo a enseñar la

verdad, y la verdad es que no son los puestos, los reinos, las

dignidades, el derecho de mando lo que hace reinar al hombre,

lo que lo ennoblece, lo que lo eleva sobre todos; es más, éstas

cosas son esclavitudes, miserias, que lo hacen servir a viles

pasiones, a hombres injustos, cometiendo también él tantos

actos de injusticia que lo desnoblecen, lo arrojan en el fango y

le atraen el odio de sus dependientes, así que las riquezas son

esclavitudes, los puestos son espadas con las que muchos

quedan muertos o heridos; el verdadero reinar es la virtud, el

despojamiento de todo, el sacrificarse por todos, el someterse

a todos, y esto es el verdadero reinar que vincula a todos y se

hace amar por todos, por eso mi reino no tendrá jamás fin, y el

tuyo está próximo a perecer’. Y estas palabras en mi Voluntad

las hacía llegar a los oídos de todos aquellos que se

encuentran en puestos de autoridad, para hacerles conocer el

gran peligro en el que se encuentran, y para poner en guardia

a quienes aspiran a los puestos, a las dignidades, al mando”.

+ + +

20-45

Enero 4, 1927

Después de esto estaba siguiendo a mi apasionado Jesús

en la Pasión, y habiendo llegado al punto cuando Herodes lo

acosaba a preguntas y Él callaba, pensaba entre mí: “Si Jesús

hubiese hablado tal vez aquél se hubiera convertido”. Y Jesús

moviéndose en mi interior me ha dicho:

“Hija mía, Herodes no me preguntó para conocer la verdad

sino para curiosear y burlarse de Mí, y si Yo hubiese

respondido habría hecho burla de él, porque cuando falta la

voluntad de conocer la verdad y de llevarla a cabo, falta el

humor en el alma para recibir el calor que lleva consigo la luz

de mis verdades; este calor no encontrando la humedad para

hacer germinar y fecundar la verdad, quema de más y hace

secar el bien que puede producir. Sucede como al sol, que

cuando no encuentra la humedad en las plantas, su calor sirve

154

para secar y quemar la vida de las plantas, pero si encuentra

humedad hace prodigios, por eso la verdad es bella, es

amable, es la restauradora y fecundadora de las almas, con su

calor y luz forma prodigios de desarrollo, de gracias y de

santidad, pero esto para quien ama conocerla para hacerla;

pero para quien no ama hacerla, la verdad se burla de ellos en

vez de quedar burlada”.

+ + +

La luz y el pecado original Sesión 19

  La luz y el pecado original Sesión 19   ▸ Otros pueden llevar luz. Hechos 26:18. 18 Te mando a ellos para que les abras los ojos y ...